Con pronósticos que indican volúmenes hídricos en torno a los 1100 hectómetros cúbicos tanto para el río Diamante como para el río Atuel superando el promedio histórico y duplicando la demanda efectiva del agro—, la provincia transita un escenario de mayor disponibilidad de agua.
El superintendente general del Departamento General de Irrigación (DGI), Sergio Marinelli, analizó el impacto de este escenario, descartó el concepto de emergencia hídrica estructural, valoró la recarga de embalses y acuíferos, y advirtió sobre los peligros asociados a las tormentas intensas y la falta de planificación urbana en materia de desagües.
Al principio del reportaje, Marinelli explicó que las cuencas del sur provincial experimentarán un año con volúmenes normales a superiores a la media, destacando que el caudal estimado duplica las necesidades reales del sector agropecuario, lo que permitirá relajar la distribución y propiciar la recuperación natural de acuíferos y humedales de montaña.
«Estamos ante un año normal a ligeramente por arriba de lo normal, donde el río Diamante tendrá un derrame estimado en los mil cien hectómetros cúbicos y el Atuel una cifra similar; tener mil hectómetros significa realmente el doble de lo que nos hace falta para satisfacer plenamente al agro», destacó.
«Contaremos con un pronóstico de mil cien hectómetros cúbicos cuando con quinientos estamos bien, e incluso usando un veinte por ciento más —entre seiscientos y setecientos hectómetros— para garantizar que a nadie le falte el agua, nos sobran trescientos; además, tras haber llenado nuevamente los embalses que vaciamos año tras año para compensar la sequía, hoy los estamos utilizando para erogar de manera frecuente y, sobre todo, para contener los grandes volúmenes de agua producto del deshielo y de las fuertes lluvias que podrían provocar torrentes importantes», indicó.
«Desde que asumí eliminé el concepto de emergencia hídrica para situaciones recurrentes, porque la megasequía del siglo que atravesamos durante catorce o quince años responde a ciclos climáticos que volverán a repetirse; la gestión actual entiende esto como una cuestión permanente donde debemos apuntar siempre a una mayor eficiencia hacia el futuro», expresó.
«Estos fenómenos responden a procesos cíclicos y naturales que inevitablemente se van a repetir, aunque no se pueda prever con exactitud si ocurrirán en ocho, nueve o diez años; no obstante, si miramos hacia el 2050, la tendencia indica una disminución en los volúmenes de nieve y agua, por lo cual debemos considerar que no siempre los años buenos coinciden con El Niño —habiendo existido temporadas con más nieve sin este fenómeno y mayores caudales con menor acumulación nívea—, lo que demuestra que existen múltiples variables climáticas a tener en cuenta», analizó.
Manejo de caudales, riesgos aluvionales y la problemática de los desagües urbanos
Consultado sobre la metodología de manejo frente a una oferta que supera ampliamente la demanda, el funcionario indicó que el excedente circula por los cauces naturales, aunque advirtió que el fenómeno de precipitaciones concentradas y tormentas fuertes incrementa de manera notable el riesgo aluvional en zonas urbanas y periurbanas mal planificadas. «Cuando la oferta supera largamente la demanda, es muy simple: se va derivando a los canales lo programado por las inspecciones de cauce para la agricultura y el agua potable, y el resto va por el río. El verdadero desafío radica en las lluvias concentradas en menor tiempo, que sumadas a los caudales elevados generan torrentes y riesgos importantes», señaló.
«Aquí es donde el fenómeno del Súper Niño cobra verdadera envergadura y puede generar situaciones de emergencia ligadas específicamente a las precipitaciones. Si a los caudales elevados de los ríos se le suma repentinamente una lluvia importante, se producen caudales aluvionales —como ocurre en el río Diamante con los arroyos Del Tigre y El Salado— que al atravesar zonas urbanas implican riesgos muy importantes, tal como ha sucedido históricamente en determinados sectores», observó.
«San Rafael tiene un déficit de planificación municipal en materia de desagües pluviales urbanos; en zonas como la Costa de El Toledano, donde se ha ocupado el suelo indebidamente y se han tapado colectores naturales, debemos coordinar trabajos preventivos con Vialidad e Hidráulica aguas arriba para mitigar los daños, ya que son problemáticas netamente urbanas», comentó.
Flexibilidad en el uso intrafinca y perspectivas de acumulación nívea
Por último, el titular de Irrigación destacó que la mayor disponibilidad hídrica otorgará a los productores la libertad de utilizar el recurso de manera preventiva —por ejemplo, para mitigar el impacto de heladas tardías—, al tiempo que confirmó que los embalses se encuentran recuperados y las reservas de nieve en cordillera continúan acumulando volumen. «Este año tenemos la ventaja de que si los productores piden agua de forma preventiva para mitigar heladas tardías se las vamos a dar sin ningún problema, a diferencia de los años de escasez donde el recurso debe restringirse estrictamente a la curva de consumo del cultivo», resaltó.
«Este año tenemos la ventaja de que si los productores piden agua de forma preventiva para mitigar heladas tardías se las vamos a dar sin ningún problema, a diferencia de los años de escasez donde el recurso debe restringirse estrictamente a la curva de consumo del cultivo», añadió.
«Ya tenemos anunciadas para esta semana nuevas nevadas en algunos sectores de la cordillera que acumularán prácticamente un metro más de nieve, por lo que los volúmenes finales y el caudal definitivo que vamos a tener terminarán siendo todavía mucho mayores», completó.
