El discurso del delegado de Bowen, Luis Gergeluk, durante el acto por los 114 años del distrito tuvo una definición política que excedió largamente el festejo.
Fue una respuesta directa a una forma de hacer política que durante los últimos meses intentó instalar en General Alvear discusiones construidas sobre versiones, temores y acusaciones que, con el paso del tiempo, fueron quedando cada vez más lejos de los hechos.
Gergeluk puso nombre y apellido a una metodología: primero fue el gas. Ahora, la lucha antigranizo.
“Durante meses, los alvearenses y los bowenses debimos escuchar, ver y leer mentiras”, sostuvo el delegado, antes de recordar la campaña que pretendió instalar que General Alvear tenía una deuda que impedía avanzar con la llegada del gas.
El tiempo terminó poniendo las cosas en su lugar
La factibilidad para el gas dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad y los vecinos de General Alvear comenzaron a conectarse. Aquello que se presentó como un problema financiero y que desde algunos sectores se utilizó políticamente para sembrar preocupación terminó demostrando ser, sencillamente, otra discusión en la que la realidad no acompañó el relato.
La conducción política de San Rafael había elegido alimentar esa versión y encontró eco en determinados espacios mediáticos. La estrategia era sencilla: instalar que Alvear no podía acceder al gas porque supuestamente debía dinero. El problema es que las explicaciones técnicas y administrativas terminaron desarmando esa construcción.
Ahora el libreto parece haberse trasladado a otro terreno: la lucha antigranizo.
Y aquí también hay una diferencia sustancial entre hablar y hacer.
El Gobierno de Mendoza tomó hace más de dos años la decisión de no continuar con el sistema provincial de lucha antigranizo. Se podrá coincidir o no con esa decisión, discutirla y cuestionarla. Pero mientras algunos se dedicaron a señalar responsables, General Alvear decidió hacer algo bastante más incómodo: trabajar para sostener una herramienta que considera necesaria para sus productores.
Gergeluk fue claro al atribuirle a Alejandro Molero el impulso para continuar con la lucha, la gestión para conseguir aviones y las negociaciones necesarias para intentar mantener operativo el sistema de mitigación.
No hubo magia. Hubo gestión.
Y tampoco hubo abandono. Hubo una decisión política de poner recursos, golpear puertas y buscar alternativas para que los productores tengan una herramienta de defensa frente a una contingencia que puede llevarse en minutos el trabajo de todo un año.
Pero hay un dato que quienes intentan convertir esto en una nueva pelea deberían explicar: la lucha antigranizo necesita infraestructura y coordinación regional. Y buena parte de esa infraestructura está vinculada a San Rafael.
Por eso resulta llamativo que quienes durante meses cuestionaron las decisiones de Alvear ahora pretendan instalar que el problema es la supuesta falta de voluntad de este departamento. La discusión real es otra: ¿se quiere construir una solución regional o se pretende seguir utilizando una necesidad concreta de los productores como combustible para una interna política?
El delegado también recordó la discusión por el Fondo Compensador Agrícola y la posición asumida por Molero para evitar modificaciones que pudieran dejar a productores del sur mendocino en una situación de mayor vulnerabilidad.
Y allí apareció otra definición que merece ser subrayada.
Gergeluk no habló contra los productores de San Rafael. Todo lo contrario. Separó deliberadamente a quienes trabajan de quienes hacen política con ellos.
“Para nosotros el pueblo trabajador sanrafaelino y los que madrugan y trabajan la tierra todos los días no son competencia ni están del otro lado de una frontera política, son nuestros hermanos y socios estratégicos”, afirmó.
La diferencia es importante.
Porque una cosa son los productores, los trabajadores rurales, las familias que dependen de una cosecha y quienes sufren exactamente las mismas heladas y tormentas en Alvear, San Rafael o cualquier otro punto del sur provincial. Y otra muy distinta es una conducción política que parece necesitar permanentemente un enemigo externo para explicar sus propios problemas.
General Alvear no necesita enemigos en San Rafael. Necesita socios.
Necesita que el gas avance. Necesita que la lucha contra el granizo tenga las mejores herramientas posibles. Necesita productores protegidos, infraestructura y obras. Necesita que los departamentos del sur puedan sentarse en una misma mesa y defender intereses comunes.
Lo que no necesita es que una y otra vez se intente convertir cada discusión regional en una disputa de campanario.
Porque con el gas ya ocurrió.
Se dijo que no había gas porque Alvear debía plata. La realidad avanzó por otro camino.
Ahora se intenta construir otra versión alrededor de la lucha antigranizo. Pero mientras algunos hablan, Molero gestiona, busca aviones, negocia, pone recursos municipales y sostiene una herramienta que considera estratégica para el sector productivo.
Los productores pueden juzgar los resultados. Los vecinos pueden discutir las decisiones. Eso forma parte de la democracia.
Lo que ya resulta mucho más difícil de sostener es una política basada en instalar miedo primero y buscar explicaciones después.
Bowen cumplió 114 años y su delegado eligió decirlo sin demasiadas vueltas: hay una diferencia entre quienes trabajan para resolver los problemas y quienes intentan sacar rédito político de ellos.
El desafío ahora está planteado. Si San Rafael realmente quiere defender a sus productores, tiene una oportunidad concreta de demostrarlo: sentarse a trabajar con General Alvear para sostener la lucha antigranizo.
Menos operetas. Menos relatos. Menos fronteras políticas.
Más gestión y más soluciones para la gente que todos los días se levanta temprano, trabaja la tierra y espera que quienes gobiernan estén a la altura.
