Los libros que se editan en Argentina no pueden salir a competir en el mercado, en parte por el valor y la calidad e los que ingresan de afuera. El libro se ha vuelto un objeto costoso. Se vende menos y se han visto elevados considerablemente los costos de producción.
Ese es el panorama de la industria editorial nacional, buscarán que quede visibilizada la crisis a través del Gran Librazo Nacional, que consistirá en regalar libros y dar a conocer las problemáticas del rubro.
Mendoza no será ajena a esta propuesta, que nació en Buenos Aires, donde hoy también se desarrollará una nueva edición de La Noche de las Librerías, y a la que adhirieron otras provincias, entre ellas, Córdoba y Santa Fe. La iniciativa es sumamente interesante, sobre todo para los asiduos lectores o para los transeúntes que desde las 18, se encontrarán en San Martín y Peatonal con mesones de libros, para elegir y llevarse uno, sin costo. Serán cerca de 1.000 los que obsequiarán.

En la provincia, la iniciativa es impulsada por Carolina Suárez y Jorge Córdoba, responsables de Bruma Grupo Editorial, con el apoyo del senador provincial Gustavo Arenas (FPV-PJ).

Para promocionar el masivo encuentro, los organizadores han publicado el evento en Facebook bajo la denominación “Gran Librazo Nacional”, donde aclaran los motivos de la realización de esa acción colectiva contra la supresión de la industria editorial nacional y también reciben adhesiones.

De esta manera, los fundamentos ahí expresados aclaran: “Así como las posturas negacionistas del terrorismo de Estado están tan en boga hoy entre algunos funcionarios del Gobierno, también hay una intención manifiesta de que sean invisibilizados los problemas emergentes de la crisis económica que hoy vivimos en nuestro país. La caída en el consumo, derivada del impacto inflacionario y los desmedidos aumentos de tarifas, pone en riesgo de supervivencia a nuestro sector, como todos los que dependen del mercado interno”.

“Por eso –prosiguen los argumentos–, gráficos, editores y libreros queremos llamar la atención de la ciudadanía para que nuestra voz de reclamo respecto del cambio de rumbo económico sea escuchada. Regalaremos, en Córdoba, Rosario, Mendoza, Buenos Aires y otras localidades del país, 30.000 libros, uno por cada desaparecido durante la dictadura militar, para que el libro y la industria editorial nacional no desaparezcan”.

Sin embargo, el trasfondo de la movida no es tan agraciado, al menos para los que la organizan y están detrás de los sellos editoriales locales o de un mostrador de una librería. «Esto está lejos de ser una protesta. Lo que necesitamos es hacer visible la realidad económica en el mundo editorial. Hemos visto un parate importante que hace peligrar nuestra subsistencia», aseguró Carolina Suárez, con respecto a la situación provincial, agregando que según su experiencia la merma en la venta de libros durante 2016 fue notoria y para el 2017, el panorama es sumamente desalentador. «Este año, hasta ahora, hemos llegado casi a un paro total de ventas», dijo.

Esa firma fue la motivadora del Librazo en Mendoza, pero hoy no será la única que participará. Hasta ayer –estaban en los detalles de la organización– seguían contando nuevas editoriales independientes, libreros y bibliotecas de distintos puntos de la provincia que ofrecerán sus libros para regalar. También algunos sindicatos y hasta legisladores, como es el caso del senador Gustavo Arenas (FPV), se hicieron eco de la propuesta de poner el libro en valor, regalándoselo a alguien que no puede comprarlo y no colocándolo en una mesa de saldos.
Como mínimo se entregarán 1.000 libros, en consonancia con la idea de que, en total, en toda Argentina se regalen 30.000, haciendo también una alusión al número de desaparecidos de la última dictadura militar.
Según la Cámara Argentina del Libro (CAL) durante 2016 las editoriales disminuyeron entre 15% y 20% las ventas en unidades, mientras que la merma para las librerías fue de entre el 10% y el 20%. La producción, además, cayó en 25%, alentada por el ingreso de libros del extranjero, tras la determinación de la Secretaría de Comercio Interior de dejar sin efecto la restricción que en 2011 se le puso a su importación.
Este impacto, sumado al de los tarifazos, tuvo sus coletazos para la industria editorial, de diversos modos. «Es parejo el impacto en todos los ámbitos. Cuando recibís un libro empezás con la edición, que arranca por la corrección. Al recibir menos cantidad de obras, tenés que entrar a ver el pago de los correctores sumado a los costos que aumentan de la materia prima (el papel, la tinta), más el alquiler y todo lo que implica cualquier empresa de este tipo», dijo Carolina Suárez, de Bruma, aclarando que aunque ha sido menor, también hubo menos demanda por parte de los escritores para ver editadas sus nuevas producciones. «Ves que empiezan a patearlas para más adelante», expresó.
En lo que respecta a costos, es difícil en Mendoza determinar cuánto sale editar un libro, para calcular el precio que debe tener en el mercado y cuánto hay que ganar para cubrir, al menos, la inversión. Lo que hoy se ve con recelo, considerando que van quedando menos clientes.
«Esto depende del tiempo que lleve corregirlo, de la cantidad de páginas, del formato que se elige, de los colores y si se quiere tapa dura o tapa blanda, por ejemplo», aclararon los encargados de publicar el material. Hoy los precios de los libros mendocinos oscilan entre los $150 y los $300. A nivel general, el promedio de costo de un libro a fines de 2016 en Argentina, se calculó en $350.
Es así que, además de alertar sobre los efectos nocivos que acarrean las medidas económicas implementadas por el Gobierno, con serios riesgos de que la industria editorial argentina desaparezca, los protagonistas y los hacedores de ese ámbito local buscan neutralizar con la movida el vaciamiento cultural que lleva a la supresión de la identidad y, por ende, a la naturalización de la pérdida de derechos legítimos.
Fuente: Diario Uno San Rafael