La situación del sector agrícola en el sur mendocino continúa generando preocupación. En diálogo con FM VIÑAS, el productor local, Raúl Martínez, advirtió que la crisis se profundiza y que el ánimo de los productores se encuentra en uno de sus puntos más bajos.
“Es una problemática que cada vez va peor y lo peor es que no hay nada esperanzador a la vista. Estamos cada día peor”, expresó, al tiempo que señaló una creciente desmotivación en el sector. Según describió, muchos productores —en su mayoría de mayor edad— “han bajado los brazos”ante la falta de rentabilidad y perspectivas.
Martínez mencionó que viñateros de la viticultura mendocina convocaron a una movilización hacia la Legislatura provincial, partiendo desde San Martín, en reclamo por la situación del sector. Sin embargo, advirtió que en el ámbito local se percibe “mucha pasividad” entre entidades y productores.
A su entender, la crisis actual implica un fuerte retroceso productivo: “Estamos retrocediendo 150 años. Nuestros abuelos plantaban alfalfa y tomate, y ahora se vuelve a promover la alfalfa”, sostuvo.
El productor y referente del GrupoLibertador remarcó que el principal problema es la falta de rentabilidad. Explicó que, en muchos casos, el valor que se paga por la fruta o la uva no alcanza siquiera para cubrir los costos de cosecha y acarreo.
Como ejemplo, indicó que el membrillo se paga alrededor de 80 pesos, cuando el año pasado rondaba los 110. “Vale lo mismo cosechar y acarrear que lo que te pagan meses después”, afirmó, y agregó que el productor debe esperar hasta cinco meses para cobrar, mientras que los trabajadores reciben el pago inmediato.
En la vitivinicultura la situación es similar. “Agradeciendo que te reciban la uva. Eso ya pasa el límite de la dignidad del productor”, manifestó.
Martínez reconoció que la baja en el consumo per cápita de vino es una tendencia mundial, lo que también golpea a Mendoza. No obstante, consideró que la crisis local se agrava por la presión de costos, la carga impositiva y el aumento constante de insumos como corchos, botellas y etiquetas.
Además, advirtió sobre el abandono de fincas: “Estamos con el 60% de la tierra abandonada”, señaló, y explicó que esto genera un círculo difícil de revertir por las deudas de riego y la falta de compradores.
Respecto a la posibilidad de exportar vino, indicó que existe mercado, pero que no es sencillo generar confianza con compradores externos. “No sabés a quién le vendés y hasta que no hacés un par de operaciones no tenés confianza”, explicó.
Pese al panorama adverso, el productor pidió no perder completamente la esperanza, aunque admitió que sostener la actividad se vuelve cada vez más difícil. “Es fácil decir que hay que seguir adelante, pero después hay que permanecer en la finca”, concluyó.
