Tras la finalización del encuentro, y con un incomprensible error de la policía, que dejó salir primero a los hinchas locales, se desató el caos con una lluvia de piedras que dejó un niño lastimado en su cabeza.

La situación generó la reacción de todo el plantel alvearense, que discutió vehementemente con los efectivos y generó mayor tensión aún.

La situación se desbordó cuando los visitantes celebraban el ascenso junto a los casi 100 simpatizantes que habían llegado al Este para presenciar las acciones del encuentro. Las piedras comenzaron a llover desde las inmediaciones del estadio y la policía tuvo una lenta reacción.

Primero fueron los gritos desesperados para que los encargados del operativo de seguridad actuarán, pero rápidamente cambiaron y se transformaron en gritos de desesperación al ver la agresión sufrida por un niño que estaba entre los presentes.

La intervención de la policía en las inmediaciones del estadio devolvió la paz que ya habían roto un par de idiotas que nunca entienden nada.