Por fines de la década de 1920, todavía era alta la cantidad de niños que abandonaban la escuela después de haber cursado los primeros grados. Muchos de ellos lo hacían para contribuir al sostenimiento del hogar o para ayudar en el cumplimiento de las tareas domésticas, por lo que el gobierno provincial de aquellos años, liderado por el conservador Rodolfo Corominas Segura, consideró necesario tomar algunas acciones rápidas con el objetivo de aminorar las crecidas proporciones que alcanzaba el problema del semi-analfabetismo en la provincia, situación que era muy evidente en los niños provenientes de sectores rurales, de padres peones del agro mendocino o hijos de inmigrantes que colaboraban con las familias en las tareas de consolidar una mejor posición socio económica de las mismas en las respectivas sociedades departamentales.
Es decir que, 50 años después de la sanción de la Ley 1420, el analfabetismo y el semi-analfabetismo podía considerarse un problema estructural que sólo se resolvería si se mejoraba el nivel socioeconómico de la población y se adoptaban medidas de impacto en la creación de nuevas instancias educativas, más que nada en los sectores rurales de la provincia.
Atentos a esta situación, se van creando nuevas instituciones educativas, como por ejemplo la fundación por decreto de la Universidad Nacional de Cuyo, en el año 1939, institución que los mendocinos deseaban tener desde hacía muchos años y la puesta en funcionamiento de numerosas pequeñas escuelas en sectores agrícolas, tal es el caso de la escuela “Alas Argentinas”, la cual no surge con esta denominación.
Nació humildemente el 28 de septiembre de 1936, cuando don Oscar Ronchetti, su primer director, abrió sus puertas a las inquietudes educativas de los niños de la zona. Luego siguieron dirigiendo el establecimiento educativo de calle Jorge Simón, docentes como: Amalia Bellandi de Valdés, Lidia de Carruthers, Yolanda Gatica de Simón, Silvia Agazzoni, Elsa Scilironi de Cetra “Nina”, entre otras esforzadas docentes hasta la actualidad.
Aquella primigenia escuela comenzó sus actividades en un pequeño edificio ubicado en el paraje rural denominado “El Ventarrón”, hacia el noroeste del Juncalito. La misma solo contaba con un par de aulas, pero ansias de progreso y docentes con una férrea voluntad de enseñar, lo que le permitirá consolidarse como el puntal educativo de la zona.
Con los años la comunidad educativa va a vivir un incremento sustancial de su alumnado debiendo continuar sus actividades en un edificio ubicado en calle Uspallata, y luego trasladarse a una nueva y confortable edificación escolar ubicada en diagonal Jorge Simón, donde permanece hasta el día de hoy.
El Aeroclub de General Alvear apadrina la escuela “Alas Argentinas”, colaborando en distintas oportunidades con útiles escolares y realizando vuelos de bautismo a sus alumnos, o integrados a diferentes actividades que lleva adelante la institución.
Es por ello que esta querida escuela, señera de la educación en el oeste de la ciudad, lleva su nombre en homenaje a la aviación argentina, homenaje más que merecido teniendo en cuenta que las “Alas Argentinas”, se han cubierto de gloria ante la admiración del mundo por su coraje, capacidad técnica y responsabilidad.
Algunos de los maestros, que supieron poblar sus aulas y dar lo mejor de sí para la educación de los niños de esta gran barriada alvearense dejaron su sello, entre ellos podemos mencionar a: Sara de Montaldi, Liliana Elda Rubio, Graciela G. de Álvarez, Nélida Hernández de Salvador, Gladys E. de Hidalgo, Evelina Martínez, Blanca G. de Giordano, Velia Massa, Mirta B. de Volpara, Viviana Osés, Sonia G. de Ferraro. Además de Delia Hernández de Triguez, Noelia de Azor, Lidia H. de Bujaldón, Nélida Ponce, Alicia de André, Beatriz de Azcona, Ester de Kaluk, Margarita de Torres, Graciela Skarojod, Marta Guajardo y Nancy Álvarez.
Recodar también a entrañables y queridas celadoras, que con su trabajo se ganaron el afecto de los niños y docentes de la escuela, como por ejemplo doña Delia F. de Becerra.
Seguramente a muchas de ellas, como a miles de alumnos que transitaron sus aulas, cuando miran hacia atrás, se le llenan los ojos de lágrimas. Pero no de tristeza, sino de emoción, es que esta escuela, afincada en un sector netamente rural en sus inicios, hoy ya completamente urbanizado, cumple un rol más que importante en la vida de quienes lo habitan. Esta escuela es fundamental como factor de cohesión social, superando la mera instancia educativa, es una puerta de acceso al futuro de cientos de chicos que a diario llegan a sus aulas y que además logran la propia identificación y sentido de pertenencia con su escuela, la querida “Alas Argentinas”.
