El Diamante y el Atuel tendrán una disponibilidad de 72% y 77%, respectivamente, de la media histórica, según el pronóstico de escurrimiento de aguas superficiales elaborado por el Departamento General de Irrigación.

Esto significa que por estos ríos bajará casi un 30% menos de agua de lo normal, lo que extiende por octavo año consecutivo la crisis hídrica que afecta a toda la provincia.

Peor aún es la situación en Malargüe, ya que por el río del mismo nombre bajará un 53% del caudal histórico y por el Grande un 67%, aunque este último no riega ningún área cultivada.

Fabio Lastra, subdelegado de Aguas del Río Diamante solicitó a la población cuidar y administrar bien el agua porque «no sobra y los embalses sólo retienen los excedentes en los meses en que la demanda de riego es mínima», entonces «hay que manejarlos en forma cuidadosa porque si en el ciclo que viene nos toma con los embalses a baja capacidad se puede complicar la situación».

Ejemplificó que actualmente desde la cordillera baja por el Diamante 18 metros cúbicos por segundo cuando el promedio histórico para esta fecha es de 27 m3/h.

Algunos ya advierten que la crisis hídrica ha llegado para quedarse, al menos por algunos años más.

En ese sentido, Lastra manifestó que la tendencia de los últimos ocho años «puede hacer conjeturar que el recurso hídrico va siendo cada vez más escaso con respecto a los valores medios históricos».