La Mendoza vitivinícola ya arrancó la campaña 2020-21 y con ella también el programa de Control y Erradicación de Lobesia Botrana (Polilla de la Vid), la plaga que enciende luces de alerta este año. Es que tras un 2019 dedicado a hacer «mantenimiento», el crecimiento de la población de insectos en algunos oasis obligó a prorrogar la ley que lo financia desde 2018 para reforzar la estrategia, pero faltan los fondos: la campaña apenas arranca con 30% del presupuesto de $420 millones, mientras el resto de los recursos que debe aportar la Nación, luego de un mes y medio, aún están en veremos.
Cabe recordar que el programa es nacional y se sostiene en tres patas: la local (la Provincia ya asignó una partida de $120 millones a Mendoza Fiduciaria, que administra el fideicomiso para la licitación de difusores de feromonas de confusión sexual a través de Iscamen), la nacional (en duda) y el aporte privado o COE (Contribución Obligatoria Especial de $1.500/ha) para superficies de más de 10 hectáreas. Lanzada la compra del primer lote de insumos, el foco está puesto en los oasis Este y Norte, donde está el rebrote, y no hay tiempo que perder.
De hecho, un informe del Comité Técnico que decidió la prórroga de la ley 9076 de financiamiento, señala una «regresión de la plaga», y considera «indispensable» contar con el dinero necesario. La estrategia indudablemente debe cambiar, y el presupuesto también. De hecho, una campaña llamada de mínima o de «mantenimiento» (priorizar unas zonas sobre otras para optimizar los fondos, como se proyectaba repetir este año), ronda $450 millones, Una más activa, para avanzar en la disminución de la presión de la plaga, rondaría los $620 millones para las 155 mil hectáreas con viñedos bajo cierto riesgo.
«Veníamos con progresos desde 2015 y una campaña de mínima en 2019, que permitió bajar la presión en las zonas de más intervención, pero donde no la hubo, en los oasis con menos problemas, se detectaron capturas en las trampas. Igualmente, el panorama provincial muestra que la situación por ahora está por debajo del umbral de pérdidas económicas», explica Alejandro Molero, presidente del Iscamen.
Las detecciones apuntan a hasta 2 capturas por trampa, y en un orden de hasta 50 cada 10 hectáreas, lo que encendió las luces de alerta. Según los técnicos de Iscamen, el oasis Sur sigue libre de Lobesia, mientras que Valle de Uco se mantiene como un área de baja prevalencia. Admiten que el eje Maipú-Luján (donde ingresó la plaga años atrás) está «bien», con lo cual los problemas están en Lavalle, San Martín y alrededores.
Cambio de estrategia, recursos que no llegan
Para Molero «lo único que define pasar de una campaña de mínima a media es la llegada de los fondos nacionales, que el ministerio de Agricultura debe transferir al Senasa pero no tenemos notificación oficial al respecto todavía. Contamos con el aporte del Gobierno provincial y en su momento lo que corresponde al COE, que también la Provincia tendrá que adelantar para recuperarlos con el goteo ya avanzado el 2021″.
Es que el COE empezará a cobrarse a los productores a través de las boletas de Irrigación desde octubre. En su momento, las autoridades de Senasa habían anticipado que «a mas tardar a fines de julio» estarían depositados, pero eso todavía no ocurrió.
Más allá de las gestiones entre Mendoza y la Nación (llamadas entre el ministro de Economía, Enrique Vaquié, y el titular de Agricultura nacional, Luis Basterra, además de al menos tres reclamos por escrito), también la preocupación motivó a que las entidades vitivinícolas hicieran lo propio.
Según Carlos Bontcheff, del área de Protección Vegetal de Senasa, las autoridades nacionales asumen que a Mendoza le corresponden $270 millones y a San Juan otros $120 millones, pero todavía es incierta la asignación por etapas del tratamiento. Al respecto, el funcionario asevera que «la transferencia debe hacerla el ministerio para que Senasa pueda canalizar los fondos a Iscamen, pero aún se desconoce cuándo será. Lo cierto es que esto es biología y se sabe que el avance de la plaga también depende de la temperatura».
Cómo sigue el calendario
En tanto, el almanaque apura. Los $120 millones con los que cuenta hoy el Programa de Control de Lobesia Botrana empezarán a licuarse la última semana de agosto, cuando se oficialice la compra de la primera partida de difusores (la licitación es por $118,8 millones) a repartir en las fincas a principios de setiembre. Para entonces se necesita disipar la incertidumbre sobre cómo se financiará el resto del tratamiento de la plaga.
Para primeros días de octubre corresponde el uso de insecticidas. Es la técnica que se complementa con aplicaciones aéreas para el segundo vuelo de la polilla, lo que requerirá invertir $115 millones más.
La última etapa (noviembre-diciembre) prevé el uso de feromonas aspergables con aviones para cortar el ciclo de vida del insecto, lo que va a insumir un monto superior. «Si vamos a contar con el apoyo de Nación deberíamos definirlo mucho antes, por el tiempo que insume armar los pliegos y avanzar con esa licitación», advierte Molero.
Lo apremiante desde el punto de vista técnico es la capacidad de reproducción de la polilla. Cada apareamiento resulta en 1,8 millón de insectos, un número alarmante en función de su potencial de daño de la plaga, que puede reducir en 60% o más la productividad de cada cepa.
