Gisela Castro es una investigadora alvearense de 32 años, especialista en la mejora de los tratamientos contra el cáncer de mama, útero y cerebro.
Este año terminó su trayecto como becaria del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en Mendoza, luego de 8 años de arduo trabajo en los que hizo su doctorado y pos-doctorado.
Gisela fue reconocida en 2015 con el Premio Bienal sobre Investigación Clínica en Cáncer, otorgado por la Fundación Teodoro Ovsejevich y Lalcec por la mejor investigación clínica en el país sobre el cáncer de mama.
“He quedado fuera del sistema de investigación, ya que se redujo el ingreso a la carrera del investigador, que es como un pase a planta en Conicet para decirlo de alguna manera”, señaló Gisela.
Oriunda de La Marzolina (Alvear Oeste), hizo su secundario en la Escuela de Agricultura. “Recuerdo que la profesora Cristina López me invitó a participar en las olimpíadas de biología. Me tocó el tema genética y ahí dije: ‘Esto a mí me encanta’”.
Esa pasión por la ciencia la llevó a Misiones, único lugar del país donde se cursa la Licenciatura en Genética.
“Mi papá se había quedado sin trabajo; mi mamá trabajaba en los galpones de empaque en el verano. A pesar de esa situación, me dijeron que de donde fuera iban a sacar el dinero para que yo estudiara”, cuenta Gisela y remarca el esfuerzo que significó para su familia.
Cuando estaba terminando la carrera en Misiones, Gisela se contactó con Daniel Ciocca, uno de los investigadores más prestigiosos del Conicet en Mendoza, quien se convirtió en su director de tesis y le brindó un lugar en su laboratorio. Así, ella comenzó su carrera científica donde más quería, en su provincia.
“Allí desarrollé un proyecto de investigación sobre cáncer, básicamente la búsqueda de moléculas y proteínas que permitían predecir la respuesta a las terapias. Después del anuncio del recorte no sé si podré seguir haciéndolo. Por eso digo que esto va a afectar a toda la sociedad”, asegura con un tono de resignación para detallar el momento que le toca vivir.
Gisela ha conseguido trabajo en un instituto privado, pero también tiene en cuenta la opción de volver a Alvear.
En medio de tanto esfuerzo y estudio, formó una familia con su esposo y una hija de 6 años, siempre acompañada de sus padres y hermanos.
Por el gran recorte a nivel nacional, está en duda su carrera en el Conicet, ese lugar que le permitió alquilar por primera vez un departamento para vivir sola y hacer lo que más le gusta: ciencia.
