Karina Calvente impidió el secuestro de su hijo mientras éste jugaba en la plaza del barrio docente.
Mateo jugaba en la plaza y, aproximadamente a las 20 horas, su madre le pidió que vuelva, pero él no quiso y Karina le permitió seguir un poco más. Al poco tiempo, ella salió para mirarlo y vio a un hombre a punto de agarrar al niño. El hombre, cuando la vio, retrocedió y salió corriendo.
Mateo dijo que el tipo lo había saludado, al mismo tiempo que se le acercaba. El desconocido andaba en un vehículo que había estacionado a una o dos cuadras y tuvo que pasar frente a la casa de la mujer para poderse retirar del lugar. Ella trató de anotar la patente, pero la camioneta no tenía. Era una Currier blanca, según la mujer.
Karina fue a la policía e hizo la denuncia, donde le dijeron que su causa era menor.
Por último, advierte que el hombre era alto, morocho, con pelo largo, tenía un pantalón con bolsillos grandes y abultados, lentes de sol y parecía de unos sesenta años.
