En 10 días los 18 jefes comunales pondrán en agenda el problema ambiental cuando firmen un acuerdo de trabajos en cada territorio para disminuir la carga de dióxido de carbono. Cómo lo harán.

¿Qué tienen en común la sequía que ya padecemos en Mendoza, y los gases que emitimos permanentemente con las actividades productivas? La respuesta inmediata es el cambio climático. Pero la sequía es una consecuencia y los gases contaminantes (dióxido de carbono en su mayoría) son el origen del efecto invernadero o sea son causantes de cambio climático ya vigente.

Eso son los trazos gruesos de un problema que se agravará en la medida que no se frene la emisión de gases. La desertificación será el paso siguiente a la sequía y se hará evidente en el ambiente con una velocidad notable. Por eso, mientras nos acercamos a la Cumbre Global contra el Cambio Climático, la COP27, que se realizará el lunes 7 de noviembre en Egipto se multiplican las manifestaciones de alerta advirtiendo que ya queda poco tiempo para disminuir y/o mitigar la emisión de gases.

En ese camino se detectan actos buscando el crear conciencia desértica y descarbonizante. Al menos esa es la intención macro, aunque estamos lejos de entender colectivamente e individualmente el riesgo ambiental al que caminamos sin tomar conciencia.

Se habla de conciencia tomando este sustantivo en su doble acepción, como la capacidad de las personas para entender y percibir la realidad circundante primero, y el conocimiento crítico y reflexivo sobre esa misma evidencia.