Hoy, como ayer, escuchamos a diario a funcionarios, políticos y gobernantes que nos hablan de unidad y entrega en un momento muy difícil para nuestro pueblo. Y otras personas que hablan ‘bonito’ y nos hacen creer un montón de cosas. Y hasta que no se tiendan puentes sobre él, hasta que no les tape con tierra, la comunidad y solidaridad seguirá siendo una serie de frases vanas.

Señores: ¿Cuántas veces trataron y mostraron cohesión en asignarse un sueldo justo y acorde a la situación imperante? ¿Nunca? ¿Dieron soluciones a nuestras necesidades? ¿Fueron en apoyo de los más desvalidos y les crearon una fuente de trabajo o les dieron una ayuda pasajera para el momento?

Todo es posible, menos dejar una parte de sueldos y comisiones logradas y tratar de desenvolvernos con menos asesores que, de hacerlo, estaríamos beneficiando a un país económicamente perjudicado.

Nadie tiene derechos a privilegios. Ustedes son muchos, significando una enorme carga para el Estado. Vuestros derechos obtenidos honestamente, son privilegios obtenidos a la fuerza. Un privilegio puede ser una injusticia, si sirve para impedir que otros reciban lo que en justicia les corresponde. Nadie tiene derecho a un privilegio jurídicamente, todos los hombres son iguales.

¿Cuánto tiempo esperan los privilegiados para renunciar voluntariamente a sus privilegios en esta era de crisis?

La esperanza de la gente común vive en cada uno de nosotros, asqueado de lamentos y quejas que levantan nuestro deterioro, deseando que saque las consecuencias de la crisis real de millones de seres que sufren hambre.

Por favor, no nos defrauden más, la vida es corta. Así podremos hacer un punto cada día, volver la página y volver a empezar. Caso contrario estamos encallados, sin esperanza.

•Carlos Sebastián Caviasso. DNI: 8.022.956.