La industria del vino de mesa viene de mal en peor en los últimos años por el bajo consumo y la fuerte caída en sus ventas. En el 2017 el consumo de vino argentino en la Argentina cayó hasta menos de 20 litros al finalizar 2017, el índice más bajo de toda su historia.

Ante esta situación, aparece un competidor directo y muy fuerte para el mismo mercado: la cerveza.

Bajar la gradación alcohólica, incrementar la cantidad de líneas de vinos dulces y rosados, diseñar nuevos envases, más pequeños, y alentar el consumo del bag in box, además de derribar cientos de prejuicios en el consumidor de vino conforma el conjunto de frentes que tiene que atacar la industria si pretende que vuelva a estar en la mesa de todos los días. Tal como ocurría hace varias décadas atrás.

El desafío será enorme. Pues hacia adelante, el consumo no experimentará explosiones, ni curvas que crezcan de manera vertiginosa. En el marco de un 2018 con un consumo que, se prevé, «tibio», tal como lo describió el consultor Guillermo Oliveto, «la industria del vino tendrá el doble desafío de lograr no sólo evitar que el consumo siga cayendo sino, por el contrario, estabilizarlo rápidamente y sentar nuevas bases para volver al crecimiento».

A.C