Un duro y alarmante diagnóstico sobre la actualidad del sector productivo mendocino fue visibilizado por la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM) a través de un documento institucional que expone el colapso financiero de la actividad madre de la provincia.
La llegada de las labores culturales de temporada —fundamentalmente los trabajos de poda y atadura— volvió a desnudar la falta absoluta de liquidez de los productores para afrontar el pago de la mano de obra, luego de una cosecha signada por precios percibidos por debajo de los costos reales de producción y el estiramiento en los plazos de pago por parte de las bodegas.
Esta situación, que genera pérdidas estimadas en tres millones de pesos por hectárea cultivada, está provocando un abandono acelerado de fincas y la paulatina pérdida de superficie implantada en diversos oasis productivos. Frente a este panorama, desde la entidad cuestionaron la flexibilización de los controles estatales por parte del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la desarticulación de herramientas públicas de financiamiento y la falta de estadísticas oficiales claras que estimulen la transparencia comercial.
Matías Manzanares, referente e integrante de la Asociación de Viñateros de Mendoza, analizó las causas de la crisis estructural, la vía judicial emprendida para resguardar la propiedad de la uva, la distorsión en los rendimientos de la elaboración a maquila y las severas dificultades para avanzar hacia una reconversión productiva en el actual contexto económico.
Falta de liquidez, costos desfasados y la imposibilidad de afrontar la poda
El inicio del ciclo agrícola expone la incapacidad de los viñateros para financiar las tareas esenciales de mantenimiento en los viñedos tras tres campañas consecutivas de rentabilidad negativa. «Definitivamente terminó pasando lo que alertábamos durante la cosecha. Hemos llegado al tiempo de poda, donde necesitamos liquidez inmediata para afrontar el pago de nuestros obreros para las tareas de poda y atadura, y nos encontramos con la misma realidad de los últimos tres años: valores por debajo de los costos y un estiramiento desmedido en los plazos de pago de la uva», declaró Matías Manzanares a FM Vos 94.5.
«Hoy atravesamos una situación terminal en la que el productor trabaja directamente a pérdida. La poda es uno de los gastos más fuertes del año y la falta de liquidez es total. Al no haber financiamiento acorde para esta actividad cultural básica, se produce un estrangulamiento financiero donde al productor no le queda otra opción que ir abandonando hectáreas y fincas que se están perdiendo definitivamente», añadió.
Especulación comercial, incertidumbre en los datos y la vía judicial por el CIU
El escenario es complejo. La quita de instrumentos de medición y el debilitamiento de los organismos de control incrementan la vulnerabilidad de los pequeños y medianos viñateros frente a los grupos fraccionadores. «Cada vez que solicitamos audiencia nos reciben, pero el problema es que no hay soluciones concretas. En el Banco del Vino nos reunimos hace un mes y pasamos a un cuarto intermedio porque, al no haber datos oficiales por parte del sector político, argumentan que no pueden tomar decisiones. No se sabe con certeza cuánto se ha elaborado de mosto con las nuevas flexibilizaciones que sacó el INV en la resolución 605″, apuntó Manzanares.
«En un mercado tan especulativo como el vitivinícola, si le sacás las herramientas e instrumentos de medición y no sabés qué stock hay de mosto o vino, se genera una especulación mayor que hace bajar los precios y estirar los plazos de pago. Ante esta desarticulación del INV y del Fondo de Transformación y Crecimiento, no nos quedó otra alternativa que la vía gremial y judicial», comentó.
«Fuimos a la justicia con un recurso de amparo porque habían eliminado el formulario de CIU (Certificado de Ingreso de Uva), que era el único comprobante de propiedad de la uva que tenía el productor para no quedar a merced de lo que la bodega quisiera hacer. Tuvimos una medida cautelar a favor que siguen sin cumplir, y hemos pedido multas para el INV por no fijar los datos que le ordenó el juez», amplió.
Menos litros por quintal y sin plata para cambiar de cultivo: la encrucijada del productor
Mientras las bodegas reducen de forma drástica el retorno de litros por quintal entregado, los cultivos alternativos demandan plazos e inversiones inaccesibles para el estrato pyme. «Siempre nos han puesto el cuchillo a los productores hablando de nuestra eficiencia, pero ¿qué pasa con las bodegas? Todos los años van bajando litro a litro lo que te devuelven por la elaboración a maquila. El año pasado estábamos en 60 o 65 litros por quintal; este año te están dando, en el mejor de los casos, 55 litros, y hemos comprobado casos donde solo entregan 40 litros por quintal», contó el referente de la Asociación de Viñateros de Mendoza.
«Con esos números, aunque consiguieras un crédito para la poda, al año que viene vas a estar totalmente ahorcado», aseveró.
«La discusión sobre cambiar de modelo o reconvertir se está dando en todas las reuniones de productores, pero las líneas de financiamiento que se leen en los diarios para pasar al pistacho, los frutos secos o la alfalfa son insostenibles para la economía del pequeño viñatero. Un proyecto de frutos secos te empieza a dar producción en siete años: ¿de qué vive la familia durante esos siete años?», planteó el entrevistado.
«Tampoco la horticultura es un refugio seguro hoy; los productores ajeros y hortícolas la están pasando muy mal. Hemos llegado al extremo de que en algunas zonas como Lavalle los productores nos cuentan que este año les rindió más hacer sandía y melón que seguir con la industria madre. La Argentina tiene vinos de primer nivel y la mitad de los stocks que manejan competidores como Chile o Australia, pero la falta de políticas y el manejo de la cadena hacen que la tierra termine quedando ociosa», apuntó al cierre de la conversación.
