Esta temporada los productores habrían podido tener una cosecha excepcional, ya que las plantas están cargadas de frutos, pero que no fue así. Miles de kilos de fruta hoy yacen en la tierra. Otras miles de toneladas están siendo entregadas a precios por debajo de la rentabilidad del agricultor.

Pasó con el damasco, con el durazno y ahora con la ciruela. El clima fue bueno y la calidad de la fruta fue la mejor; pero no ayudó el mercado.

Tímidamente, los reclamos comenzaron a levantarse en un sector muy golpeado año tras año. La semana pasada, voces desde la Cámara de Comercio de General Alvear y desde la Federación Agraria Argentina empezaron a advertir la penosa situación que se vive en el sur provincial, y que llevará a que muchas más fincas desaparezcan este año.

El tarifazo en gas y, sobre todo, en electricidad hace aún más empinada la cuesta. A la falta de agua por la sequía en Mendoza  los productores y consorcios de regantes podrían optar por poner en movimiento los pozos hídricos y de ese modo paliar la falta de riego. Pero el costo del riego agrícola aumentó.

Una de las respuestas que se da desde el gobierno provincial es que las líneas de financiamiento a tasa cero, del Fondo de Transformación, están disponibles para que los productores puedan hacer frente a la cosecha. Sin embargo si bien puede ayudar a ciertas inversiones la situación es tan grave y se arrastra desde hace tantos años que muchísimos productores no tiene ni siquiera la garantía necesaria que pide como requisito básico el organismo.

La entrega de subsidios, que los productores están pidiendo, tampoco es una solución. Por supuesto que sería un paliativo para que las familias que dependen del agro puedan llevar adelante la cosecha o al menos seguir unos meses, pero no comprenden una política de crecimiento.

Lo que se necesita en Mendoza es un horizonte. Es marcar una línea, como han hecho los países que llevan adelante la cadena completa frutícola, desde la producción -cuidada y organizada-; la industrialización; comercialización; exportación; y hasta políticas de incentivo al consumo de productos nacionales.

Lo que se necesita es una esperanza real para la gente que trabaja la tierra, y las miles de familias que en su momento emigraron a las ciudades.

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