El vino pasa momentos muy difíciles de hecho, el 2017 fue el peor año de consumo del que se tenga registro y se enfrenta a dos problemas mayores.

Uno es el cambio de hábito: en la década del ’60 cada persona consumía, en promedio, 90 litros por año.  Actualmente esa cifra es mucho menor: el consumo promedio es de 20 litros anuales por persona.

El vino perdió terreno en manos de la cerveza y el fernet, que conquistaron al público joven, aún cuando se reconoce que el vino es una bebida de mejor calidad.

El segundo problema para el vino es el atraso cambiario. El dólar, dejando de lado la discusión de si está bien, está atrasado para las industrias.

Eso significa que hoy el vino pierde cada vez más mercados internacionales por cuestión de precio.

A esto se le suma la delicada situación que desde hace años vive el productor vitivinícola y que cada vez se agrava más por la suba de los costos de producción y la falta de rentabilidad.

A.C