El Gobierno quiere proyectar a 40 años varias medidas para cuidar el recurso, como la instalación de medidores. Las cifras del consumo y la realidad de los pequeños prestadores.
Sin mucho detalle, pero con la premisa política de aceptar propuestas de la oposición, el Gobierno inició la semana pasada las conversaciones con los intendentes para dar el primer paso hacia un plan de consumo del agua potable que quiere proyectar a 40 años. Una iniaciativa que así como incluye obras y medidas para evitar el derroche, también ha generado más de una pregunta sobre una cuestión muy sensible que ha generado conflictos domésticos.
A lo largo de este año, los problemas con el agua han atravesado la agenda política. En el seno del Consejo Económico, Ambiental y Social se presentó un Plan de Gestión Integral del Recurso Hídrico. Ya tendrían que haber comenzado con el diagnóstico, pero hasta ahora no ha habido novedades. El otro capítulo obedece al acuerdo que el gobernador firmó con la empresa de agua pública de Israel, Mekorot, para diseñar otro plan a 30 años.
Para los observadores de la problemática, el Gobierno está tirando sobre la mesa una cantidad de acciones que no termina de darle forma, ni explicar cuán vinculadas estén en algunos casos, como es el caso de la experiencia israelí y el lanzamiento de esta semana.
Una mirada al futuro con preguntas en el presente
Por lo pronto, este plan integral se enfoca en la cuenca con mayor cantidad de consumidores, la del Gran Mendoza. Apunta a mantener el mismo nivel de consumo para la década del 2.060 si se realizan ciertas acciones: ese nivel está hoy en 7,5 metros cúbicos por segundo, lo que actualmente se extrae al río Mendoza para todo tipo de uso humano. Para tener en cuenta, el 12% del agua potable que consumimos en este oásis la sacamos de este río. Es la cuenca más explotada y, al mismo tiempo, la más complicada, en palabras de Alejandro Gallego, titular de Aysam.
Lo que desde ya plantea al menos una interrogante: ¿se podrá mantener esa cifra si tenemos en cuenta el impacto que tiene el cambio climático en nuestra cordillera, que es nuestro depósito de agua?
La pregunta hacia adelante se responde con los datos que tiene el Ianigla respecto de los glaciares que alimentan a la cuenca. Actualmente hay 1.600 glaciares en esta región. Para tener una magnitud de lo que hay en nuestras montañas: los científicos han identificado 520 kilómetros cuadrados de hielo con glaciares -entre cubiertos, descubiertos y de escombros- y que se ubican al oeste de Luján de Cuyo y de Las Heras. El glaciar más grande tiene 28 kilómetros cuadrados y se encuentra en la ladera del cerro Tupungato. A diferencia de otros, no tiene nombre.
Ahora bien, el relevamiento de 2018 permitió determinar que desde mediados de la década del 80, el área de glaciares de la cuenca del Gran Mendoza se ha reducido en un 30%.
En el Conicet local ya están trabajando en el próximo inventario de glaciares, cuyos datos provisorios a corregir estarán en dos o tres años. Pero advierten: «Bajo las actuales condiciones, no es reversible. Para revertir debe haber más precipitaciones y que las temperaturas se reduzcan«, evaluó Laura Zalazar, del Ianigla. Un futuro más que complicado.
