En los últimos días se hicieron de público conocimiento imágenes de la pelea entre adolescentes en plena Avenida Sarmiento del Distrito de Bowen irrespetando incluso a los uniformados que se interpusieron para mitigar la situación. Pero otro hecho similar tuvo lugar a escasos metros y prácticamente en simultáneo. Dos jóvenes estudiantes se trenzaron en un pleito que terminó en la agresión física.
Dos alumnas del nivel secundario, tomadas de sus pelos entre sí, portando guardapolvos inclusive, en calle Pedro Pascual Segura, entre Av. Sarmiento y 25 de mayo, a escasos metros de la Comisaria 46°, se pueden ver recorrer casi una cuadra entre tirones y empujones omitiendo la presencia de vecinos y de hasta una mujer que detiene su vehículo para intervenir y detener el enfrentamiento.
Es doloroso ver cuando la violencia le gana al dialogo y a la tolerancia recurriéndose a la agresión verbal, física, psicológica para resolver los conflictos entre pares.
La célebre frase “Juventud, divino tesoro” no es una mera adjetivación, sino que añade la invitación al compromiso de parte de los adultos a cargo, desde cualquier lugar, para garantizar que ese “tesoro” no sea corroído por los avatares que vinieron aparejados impetuosamente con este nuevo siglo.
Más aún esa pena se agudiza cuando estas riñas son “inmortalizadas” en vídeos o imágenes tomadas por sus propios compañeros que observan sin intervenir, sin involucrarse, y peor aún, les genera diversión ver como dos personas resuelven sus problemas sin mediar palabras. En reiteradas ocasiones, son los mismos compañeros los que alientan e incentivan a que se violenten con el objetivo de viralizar el momento y llegue a todo el universo de internet donde muchos más adolescentes disfrutan y gozan de estas escenas “tan divertidas”.
“Dale Soledad”, “Dale una patada”, “Que nadie se meta” son los dichos que se oyen en este y similarmente en cada vídeo de esta índole. «Un circo», donde todos se divierten menos los adolescentes que se miden mediante golpes, que se intensifican más aún en la difusión del hecho en las redes sociales donde los internautas subyugan a los protagonistas a los juicios más absurdos y denigrantes.
¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿En qué nos equivocamos los adultos y más aún los que tenemos responsabilidades como padres, tutores, educadores, funcionarios?
De nada sirve decir “esta juventud de hoy está perdida”, “en mis tiempos esto no sucedía”, “se han perdido los valores”. Probablemente todos estos dichos sean ciertos, pero señores por favor, hagámonos cargo de lo que nos toca, estos niños y jóvenes fueron concebidos, criados y educados por nosotros.
Padres desesperados por la inacción, la falta de ayuda, de colaboración, recurren como último recurso a exponer a sus hijos con las imágenes de como los humillan, los maltratan, los agreden. Es muy fácil juzgarlos por estas acciones desesperadas y quizás fuera de lugar cuando uno no está en su piel padeciendo sus tragedias.
¿Qué hacer entonces?
Como medio de comunicación y en el diálogo con docentes del medio, nos permitimos enumerar algunas acciones que puedan paliar (o al menos intentarlo) este tipo de hechos:
Los docentes
- Siempre, sin excusas, actuar, involucrarse, jamás mirar para otro lado ni echar culpas sobre los otros actores.
- Predicar con el ejemplo de cada acción cotidiana, son el espejo donde se miran nuestros hijos, sus alumnos. Cada frase, cada gesto, cada resolución que tomen ante ellos, sino es la adecuada y responsable de hecho puede inferir en su personalidad, en su futuro comportamiento, en el desarrollo de su personalidad.
- Si no pueden solos, pedir ayuda al Estado, a profesionales, a organizaciones.
- Actuar desde donde les toque con el único interés de solucionar el conflicto, sin mezquindades, sin ambiciones personales de figurar, de destacarse, no importa quienes se lleven los laureles de la resolución de los conflictos, nunca deben perder el horizonte de que estamos hablando de niños y adolescentes en plena etapa de formación de su personalidad.
Los padres
- Como padres, no justificar lo injustificable a la hora de evaluar las actitudes y acciones de nuestros hijos.
- No cargar culpa exclusivamente sobre las víctimas o victimarios, etiquetar de ese modo a quienes participan del conflicto no ayuda. Todos los actores, los que agreden, los agredidos, los espectadores, los que no se involucran en el conflicto tiene parte de culpas, de responsabilidades para que los mismos ocurran y cobren intensidad y notoriedad.
- Los medios debemos actuar responsablemente en el tratamiento de esta información, informar profesionalmente, mostrar las imágenes con mucho cuidado y advirtiendo el contenido de las mismas, no competir por quien llega primero a la publicación, no olvidar nunca que su influencia puede exacerbar los hechos.
- Las escuelas deben intervenir, aunque el hecho haya sido fuera de las mismas, esos chicos que se agreden son nuestros alumnos, todo lo que podamos hacer hay que hacerlo, trabajar el tema, fomentar el diálogo y la convivencia, pedir ayuda, no ocultar el tema considerando que es “mala prensa para nuestra institución”.
- El estado municipal, provincial, Nacional, debe hacerse cargo y brindar recursos, herramientas para ayudar a solucionar estos conflictos. Esto niños y jóvenes serán los futuros ciudadanos que forjarán el destino de nuestro país, nos están pidiendo que los ayudemos, que los escuchemos, que les demos voz, pero también que le fijemos límites y un NO a tiempo.
- Y todos, todos los adultos (padres, tutores, docentes, funcionarios, periodistas, profesionales, fuerzas de seguridad) debemos actuar responsablemente, y por sobre todas las cosas, nuestros actos deben estar guiados por el amor y el afán de ayudar, de colaborar aunque esto a veces signifique no acatar una orden desafortunada, una norma inadecuada, un trámite burocrático impropio, un protocolo obsoleto. En esa actitud solo debe primar el sentido común, el buen sentimiento.
“La pregunta no es por qué me comprometo, sino cómo los demás pueden ser tan indiferentes”
(Pierre Bourdieu)
