El 7 de agosto, una multitud acude al santuario de Liniers y otras parroquias para rendirle homenaje por su ejemplo de caridad y devoción hacia los más necesitados.
Cada 7 de agosto, miles de fieles se acercan al Santuario de San Cayetano y a otras parroquias para rendir homenaje al llamado “patrono del pan y del trabajo”. Tradicionalmente, se lo identifica por su ejemplo de caridad, austeridad y compromiso con los más necesitados.
Con su mensaje de ayuda a los pobres, de confianza y renovación de la vida espiritual, trascendió generaciones y fronteras, convirtiéndolo en un referente de esperanza ante la falta de trabajo.
Quién fue San Cayetano
Cayetano de Thiene fue un presbítero italiano nacido el 1º de octubre de 1480 en la región de Vicenza, en el seno de una familia noble, los condes de Thiene. Desde sus primeros años mostró inclinaciones por el estudio, formándose en Derecho en la Universidad de Padua antes de decidirse por la vida religiosa.
Reconocido por su cercanía a los pobres y enfermos, San Cayetano promovió prácticas que buscaban una mayor espiritualidad y generosidad dentro de la Iglesia católica. Se caracterizaba por alentar a sus seguidores y pares a vivir en simplicidad, renunciando a bienes materiales y recurriendo a la limosna como fuente de subsistencia. Esta actitud solidaria lo distinguió, adquiriendo la fama de protector de los que menos tenían.

Cuál es la historia de San Cayetano
Hacia 1506, tras haber completado sus estudios de Derecho, Cayetano se trasladó a Roma, donde ocupó el cargo de secretario privado del papa Julio II. Su experiencia en el entorno papal profundizó su vocación y, tras la muerte del sumo pontífice, se preparó para asumir el sacerdocio, siendo finalmente instruido en 1516.
Uno de sus principales aportes fue la fundación de organizaciones orientadas a la reforma religiosa. San Cayetano estableció la sociedad del Oratorio del Amor Divino y cofundó la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, instituciones dedicadas a impulsar el ejemplo de vida austera y a fortalecer las prácticas sacramentales, con especial énfasis en la oración y la comunión frecuente. Su liderazgo brindó nuevos aires al clero, buscando erradicar vicios y fomentar la solidaridad con los más vulnerables.
En los últimos años de su vida, un fuerte deterioro de salud no minó su espíritu de modestia: aún enfermo, rechazó cuidados especiales y pidió mantener su vida sencilla hasta su muerte, el 7 de agosto de 1547, a los 66 años.
