La industria del durazno enlatado y de procesado industrial en Mendoza atraviesa un escenario de marcada complejidad operativa y financiera.
Aunque el sector ha realizado inversiones tecnológicas en los últimos años para mantener estándares de competitividad internacional, la combinación de aumentos en insumos críticos como la energía y los combustibles, la reducción del consumo per cápita en el mercado interno y la competencia con potencias extranjeras como China, está afectando la rentabilidad de la cadena de valor.
Desde la Federación del Plan Estratégico de Durazno para la Industria (FEPEDI), su gerente Alfredo Baroni analizó el panorama actual de la actividad, la caída de las ventas locales de dos a una lata y media por habitante al año, los reclamos por la presión impositiva en los servicios eléctricos y las negociaciones internacionales para elevar de 10.000 a 20.000 toneladas el cupo de exportación libre de aranceles hacia el mercado mexicano.
Reducción del consumo interno y cierre de explotaciones
A pesar de que la industria mantiene niveles de producción primaria estables a nivel provincial, el contragolpe de la inflación en los insumos y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores han generado un estrechamiento en los márgenes de ganancia que compromete la continuidad de establecimientos industriales y agrícolas.
“Si uno quiere ver el vaso positivo puede decir que no estamos tan mal como otros sectores, pero la realidad es que este año hay fábricas que no van a seguir trabajando y hay productores que abandonan sus montes. La verdad es que competimos con países como China donde todo lo relacionado con el durazno se hace de otra manera, con una ayuda del Estado muy importante, y en la Argentina esa ayuda no está ni estuvo”, aclaró Baroni.
Respecto a las ventas en el país, detalló: “Con respecto al consumo, el fuerte de la producción argentina es el mercado interno. Nosotros producimos alrededor de 100 millones de latas todos los años, y alrededor de 70 millones de latas se venden en el mercado interno. Históricamente tenemos un consumo de dos latas por habitante por año, (…) pero en la actualidad la cifra es de una lata y media”.
“Hay muchas cosas que siguen subiendo. Los combustibles, los agroquímicos aumentan. El producto en sí mismo como materia prima, el durazno, no ha aumentado tanto ni ha acompañado ese proceso acelerado de inflación que han tenido los insumos, sobre todo la energía y productos químicos. Lo mismo pasa a nivel industrial, ha seguido subiendo la lata y el azúcar, mientras que el producto en góndola no ha acompañado ese movimiento, con lo cual hay una rentabilidad mínima y más chica, al punto de que en algunos casos se vuelve insostenible y causa que algunas empresas se vayan retirando”, agregó con preocupación el gerente de FEPEDI.
La presión de los costos operativos y el impacto impositivo en la energía
Uno de los cuellos de botella más severos que enfrenta el sector radica en los insumos necesarios para la producción y el riego, donde el costo de la electricidad para pozos agrícolas representa una carga determinante en la estructura de costos.
“En su momento la Nación nos escuchó y se disminuyó el IVA a la electricidad de los pozos eléctricos del 27% al 21%, pasando a un valor más razonable, pero eso no significa que seamos subsidiados para nada. Seguimos teniendo un impuesto a la electricidad alto”, manifestó Baroni.
“Todo lo que tiene que ver con la energía es un factor muy importante. Gran parte de la producción se desarrolla en el Valle de Uco, donde muchas de las fincas riegan con pozos, y aun las que no están en esa zona aplican riego por goteo, necesitando electricidad. El aumento de la electricidad, que es uno de los insumos críticos hoy en día, es tremendo. Pasando por ese insumo, como todo lo que tiene que ver con los agroquímicos y el combustible de los tractores, han tenido una inflación muy por encima del precio de la producción primaria, y contra todos esos factores es bastante difícil trabajar”, explicó sobre la realidad del sector.
Asimismo, hizo referencia a los sueldos de los trabajadores en medio de esta situación: “Respecto a los sueldos, se manejan a través de paritarias. Es una realidad que a nivel de producción primaria se compite con la rentabilidad de otros cultivos. Es una cuestión histórica que, al momento de cosechar, si vale más la uva, los cosechadores se van a la uva y te dejan el durazno, o al revés”.
Asimetrías internacionales y gestiones por el mercado mexicano
En el plano del comercio exterior, el sector mantiene conversaciones con las autoridades nacionales para expandir los cupos de exportación mediante acuerdos bilaterales, buscando aliviar la sobreoferta del mercado doméstico.
“China, por ejemplo, ubica sus fábricas cerca de centrales nucleares para recibir el vapor residual como energía, mientras que acá tenemos que usar calderas alimentadas con gas. Hay un montón de otras ayudas que tiene el país asiático que en la Argentina no están”, sostuvo haciendo una comparativa con el escenario internacional.
“Para tratar de repuntar la industria hay intenciones de ampliar los mercados, sobre todo el mexicano. Con México, la Argentina tiene el Acuerdo de Complementación Económica N° 6 para exportar 10.000 toneladas con arancel cero. Hace unos años no lo podíamos cumplir porque no teníamos suficiente durazno, hoy lo sobrecumplimos vendiendo 15.000 toneladas. Le hemos pedido al gobierno nacional ampliar ese acuerdo a 20.000 toneladas para llevar una bocanada de aire fresco al sector”, detalló Baroni.
“De parte del gobierno nacional hemos recibido una muy buena respuesta, pero depende también del gobierno de México y ahí es donde estamos trabados, ya que aún no ha accedido favorablemente a la propuesta. Por otro lado, la idea es lograr la competitividad más ajustada posible trabajando en todas las variables agronómicas para producir con el menor costo y llegar al consumidor con un producto de calidad a un costo razonable, entendiendo que del otro lado hay un consumidor que tampoco la está pasando bien ni puede pagar cualquier precio”, señaló.
La producción frente a los factores climáticos
Antes de finalizar con la entrevista, Baroni fue consultado en torno a la producción del durazno con relación a las contingencias climáticas que afectan a la industria. “En los últimos años hemos logrado mantener la producción de manera estable, en torno a los 100, 110 o 120 millones de kilos. Siempre existen afectaciones por granizo o heladas, especialmente en zonas de la provincia como el Este o el Sur, pero afortunadamente no hemos llegado a niveles de desastre agropecuario. Los productores realizan todas las tareas de prevención necesarias para mitigar el impacto del clima y asegurar que la producción salga adelante”, concluyó.
