La Lobesia Botrana o “polilla de la vid” se controla durante distintos momentos de la temporada, habiendo algunos momentos claves que determinan los resultados hacia el final de la misma, y esos momentos se dan entre los meses de agosto y diciembre inclusive. Guillermo Azín, coordinador técnico del programa de Lobesia Botrana, se refirió y con Diario San Rafael a las tareas que se han venido realizando.
‘El operativo que hemos realizado junto con los productores y utilizando distintas herramientas de control como son los difusores de feromonas, las aplicaciones de insecticidas que aplica el productor mismo y que nosotros le entregamos en algunos sectores, en otras zonas trabajamos con aeroaplicaciones tanto de insecticidas orgánicos como convencionales, y de feromonas pulverizables. Ese conjunto de medidas que hemos implementado, lo hemos distribuido también de acuerdo también a la distribución de la plaga. Nosotros tenemos un mapeo de toda la provincia, donde censamos cuál es el estado de situación, y en función de eso diseñamos un plan de control con los recursos disponibles’, explicó y añadió que lo que se ha obtenido hasta ahora, es una disminución cercana al 45% de la población de la plaga respecto de la campaña anterior a esta misma fecha, con lo cual los indicios son bastante buenos.
De cara a lo que queda de la temporada y frente a la cosecha, el funcionario recomendó que todas las cargas de uva curen cubiertas con malla para evitar caídas de racimos en el camino, porque si hay alguna finca que tiene infección de la plaga, puede distribuirla hacia otra propiedad. Además, las bodegas tienen que hacer el lavado de los camiones y de los bines cuando son descargados.
Cabe decir que Mendoza tiene alrededor de 158.000 hectáreas de vid, y combatir esta plaga que está presente en unas 135.000 hectáreas, demandaría un plan óptimo de control que significaría un presupuesto cercano a los 17.000.000 de dólares. El presupuesto que hubo en esta campaña rondó los 10.000.000 de dólares, lo que se ve una cifra inmensa si se lo pesifica, pero no así si se tiene en cuenta la gran tarea que representa. Se trata de campañas de enorme beneficio a pesar de sus costos, dados los márgenes de ganancia que deja la industria vitivinícola y la importancia que tienen para la provincia. Debido a que el sur mendocino está en muy buena posición frente a la plaga, la uva no puede viajar desde el norte provincial si no es como mosto (con molienda previa).
