A 45 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en la República Argentina, el doctor Daniel De Monte contó su experiencia durante ese período, en el que fue detenido, y la persecución ideológica que sufrieron con sus compañeros de militancia en la Facultad de Medicina. Con detalles de sus vivencias, pidió reflexión y justicia para que no se repita esto en nuestro país.

En el marco de la conmemoración de un nuevo aniversario del último golpe de Estado en la República Argentina, Daniel De Monte recordó algunos detalles de sus vivencias y la de sus compañeros de militancia en aquellos años. Comenzando por los días previos a que las fuerzas armadas tomaron la presidencia, en diálogo con FM VIÑAS contó: «Estaba en Mendoza, terminando de cursar las materias de Medicina, vivía con mi hermana y un amigo que era integrante del grupo ‘Markama’ (banda musical formada en Mendoza en 1975). Y en la previa había rumores de que podía ocurrir un golpe».

Y en medio de esa incertidumbre, declaró: «Esa mañana estaba estudiando y escuché por la radio el comunicado nefasto de que las fuerzas habían tomado el control del país. Ahí nos dimos cuenta de que la situación era muy grave y que nuestra seguridad empezaba a ser una cuestión muy difícil de sostener. Yo empecé a militar en la Facultad de Medicina en el segundo año y llevaba 3-4 años militando. Estábamos en un grupo de compañeros y compañeras de izquierda, donde coincidíamos con gente independiente, socialistas, comunistas, gente del peronismo revolucionario y teníamos un grupo reformista con mucha actividad».

Como consecuencia, comenzaron a ser perseguidos por el gobierno de facto, y Daniel expresó: «Empezamos a tomar medidas de seguridad como no viajar en colectivos porque había compañeros que habían sido abordados. Iban con una lista y buscaban entre estudiantes, obreros, gente que les interesaba y si estaba en el colectivo los bajaban». Así fue que empezó a vivir la persecución en carne propia: «Una compañera de la facultad fue detenida y desaparecida hasta hoy. A los días me recomendaron que me fuera, un compañero me hizo un lugar, y a las 48 horas fueron a buscarme a mi departamento».

Después de una odisea que incluyó un paso por Rosario y Buenos Aires, tiempo más tarde fue detenido junto con su hermana y un amigo. «Si bien quedamos en ‘libertad’, me di cuenta de que estábamos vigilados y que el jefe de operación sabía más de mi que mi madre. Había un trabajo de inteligencia que nos ponía en alto riesgo», confesó, y agregó detalles con respecto a lo que pasaba en nuestro departamento: «Había gente de Alvear que entregaba datos, por sabían detalles de la finca, donde vivían mis padres, las características de ellos y eso me asustaba un montón porque mi vida privada ya la estudiaban desde hace tiempo».

Para cerrar, reflexionó: «Es fundamental que se conozca para que no se repita. En aquella época ser joven era altamente sospechoso, porque fui a inscribirme para rendir materias y los tipos me pararon porque tenía el pelo largo. Y si militabas en algún sector popular, de izquierda, eras de alto riesgo. Yo tuve que declarar algún tiempo atrás, me acompañó un viejo compañero y le pregunté por qué algunos tuvimos suerte, a lo que me dijo que nos habían dejado para después porque había otras prioridades. Estábamos en la lista». Y tras este crudo relato de su experiencia, concluyó: «Cuando todos sean alcanzados por la justicia, tal vez podamos vivir más tranquilos».

•L.A.