Uno de los integrantes del bufete de dos de los abogados procesados fue hallado sin vida. La sospecha: el temor de quedar involucrado en la megacausa. Dejó una carta.

La llamada al 911 se realizó el viernes, minutos antes de las 20. La hizo uno de los abogados que está procesado en la megacausa denominada Bentogate, Matías Aramayo, quien declaró como arrepentido en el expediente que involucra al titular del Juzgado Federal Nº1 de la provincia, facilitadores, letrados y otros personajes vinculados a diversos delitos, y confesó que existió pago de coimas para acceder a beneficios.

A los pocos minutos, el estudio jurídico que integra con su socio y también hombre que facilitó información a cambio de la libertad, Martín Ríos, se llenó de policías y el fiscal de  Homicidios Gustavo Pirrello.

Aramayo había encontrado muerto en las oficinas ubicadas sobre calle Alpatacal 1309 de Ciudad a uno de los integrantes del bufete, el abogado Germán Alberto Zydiak, de 41 años.

La conmoción invadió a Ríos y Aramayo. Pirrello comenzó el caso y ordenó la necropsia. Desde el Cuerpo Médico Forense le informaron al fiscal, horas después, que el cadáver de Zydiak no presentaba signos ni evidencias de intervención de terceras personas.

El letrado fallecido se encontraba decúbito dorsal, con una bolsa de nailon que cubría parcialmente su cabeza y se hallaba atada con cinta de embalar ancha.

En un principio la causa comenzó a investigarse como un asesinato por la “extraña forma” que eligió el representante legal para quitarse la vida, pero los médicos forenses descartaron esa hipótesis.

Todos presentes

Fue el ayudante fiscal de la Unidad Fiscal de Homicidios, Oscar Malla, el que dispuso en primera instancia el procedimiento policial con los servicios de Científica y la División Homicidios de Investigaciones en la escena para analizar todas las pruebas.

La mujer de la víctima llegó desde su casa de Ciudad hasta el teatro del hecho y pidió ver el cuerpo. No la dejaron por cuestiones netamente investigativas pero los detectives hablaron con ella y le preguntaron si había tenido intentos de quitarse la vida en los últimos meses. La respuesta fue negativa. Lo que sí, confirmó que Zydiak había comenzado a tomar tranquilizantes en las últimas semanas.

Y de allí la hipótesis inicial de los pesquisas policiales y judiciales. Cuando analizaron el lugar encontraron que el letrado había dejado una carta guardada en su billetera.

Palabras más palabras, palabras menos, en la misiva dejó entrever que no aguantó la presión y tenía temor de quedar involucrado en la megacausa que golpea al hombre fuerte de la Justicia federal y a los dos abogados del estudio donde trabajaba.

Pedía disculpas a su mujer y a su pequeño hijo de 5 años y expresó que no quería que nadie de su entorno familiar resultara lastimado, tal como confiaron fuentes policiales a El Sol.

El hecho generó fuerte impacto en el estudio de abogados y también en el ámbito judicial y policial. Los principales hombres afectados, además de la familia, fueron Ríos y Aramayo, quienes no se movieron del lugar durante horas, agregaron las fuentes que estuvieron en el lugar.

Cuando todos los trabajos de Científica culminaron, el Ministerio Público ordenó una consigna policial en el estudio de abogados para resguardar la escena. 

Complicados

Ríos y Aramayo fueron de los primeros abogados (junto con Luciano Ortego) en ser detenidos el 5 de mayo en la megacausa que investiga el fiscal general Dante Vega. Y el juez Eduardo Puigdéngolas los proceso sin prisión preventiva junto con más de 20 sospechosos luego de que declararan como arrepentidos.

Fundamentalmente, reconocieron que existía una asociación ilícita y que el juez Walter Bento era el jefe de todos los integrantes.

También señalaron que Diego Aliaga, el ex despachante de aduana e informante policial asesinado a fines de julio del año pasado, se encontraba en segundo orden.

Hasta señalaron que Ortego y Jaime Alba, los otros letrados, eran como una especie de reclutadores de colegas y detenidos para pedirles las coimas y acceder a beneficios.

Por la carta, la declaración de testigos (amigos, socios y familiares), el suicidio de Zydiak, finalizaron las fuentes, se debió el temor de “quedar pegado o involucrado” en el futuro en la megacausa que se encuentra en los últimos pasos de instrucción.