Tras la reciente entrada en vigencia del tratado comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, las economías regionales de Mendoza comenzaron a experimentar una profunda transformación estructural.
En el caso de la ciruela, la paulatina eliminación de aranceles promete terminar con una histórica asimetría frente a competidores directos como Chile. Lucio Álvarez, presidente del Comité de Exportadores de Ciruela de Mendoza (CECIM), analizó el nuevo escenario, detalló las exigencias de eficiencia tranqueras adentro y delineó el rol que debe ocupar el Estado en la apertura de mercados.
Para el sector exportador local, el acuerdo que entró en vigor el pasado 1 de mayo representa una conquista largamente gestionada por el CECIM y el Clúster de la Ciruela junto a Cancillería, apuntando a equilibrar las condiciones de competencia en el Viejo Continente. «Venimos trabajando hace mucho en la baja de aranceles, ya que con nuestro principal competidor, que es Chile, la Comunidad Europea tiene arancel cero. Debido a esto, Argentina siempre tenía que cotizar un 10% por debajo del precio chileno para poder igualar las condiciones comerciales», explicó Lucio Álvarez.
«Este tratado va a dinamizar mucho la comercialización de la ciruela argentina en Europa. La reducción del arancel en nuestro sector va a ser paulatina en el transcurso de los próximos cinco años: a partir de este mes de mayo ya se redujo al 7,8%, el año que viene bajará al 5% y pico, y así sucesivamente hasta llegar a cero. Traerá mejores precios y mayor estabilidad a toda la cadena», vaticinó.
Apertura comercial: más oportunidades que amenazas
Ante el interrogante de si la llegada de productos europeos a las góndolas locales representa un riesgo para la industria nacional, Álvarez se mostró optimista y remarcó que el verdadero beneficio del arancel cero impactará de forma directa en el eslabón productivo local. «En la góndola europea el precio de la ciruela no va a variar para el consumidor, porque el importador compraba a Chile y Argentina casi al mismo valor; la diferencia era que los argentinos debíamos resignar rentabilidad y vender un 10% más barato por el impuesto», insistió.
«Por ende, el beneficio de la baja arancelaria va directo a la producción y comercialización nacional. En cuanto al ingreso de bienes europeos, si queremos competir y no tener aranceles, también debemos dar igualdad de condiciones. La producción argentina tendrá que ponerse a tono, tecnificarse y mejorar sus niveles desde el inicio de la cadena productiva. El mundo no va a dejar de comer, por lo que hay que ser eficientes, tecnológicos y cumplir con los estándares europeos y estadounidenses en materia de pesticidas. Veo grandes oportunidades más que amenazas», expresó.
La encrucijada de la productividad: la regla de los 12.000 kilos
La viabilidad del negocio de la ciruela en Mendoza está sujeta a una estricta variable de rendimiento por hectárea. El dirigente sectorial trazó una línea divisoria tajante entre los montes frutales que logran aplicar tecnología y aquellos esquemas tradicionales que han quedado rezagados respecto a los estándares internacionales de eficiencia.
Para el sector primario, el volumen cosechado define la permanencia dentro del circuito comercial. Al analizar el umbral de rentabilidad, Álvarez fue categórico: «Si un productor hoy no está cosechando por encima de los 10.000 o, más cerca aún, de los 12.000 a 15.000 kilos por hectárea, la ciruela no es rentable», sentenció.
«Actualmente, la media provincial y nacional se ubica en los 6.000 kilos por hectárea; a esos niveles el panorama es muy complejo», añadió.
Frente a esta realidad, el titular del CECIM dejó un fuerte mensaje al sector enfocado en la necesidad de priorizar la eficiencia por sobre la extensión de la superficie cultivada. «Es preferible tener una hectárea buena que produzca 20.000 kilos, antes que 50 hectáreas que rindan apenas 5.000 kilos cada una. Llegar a volúmenes altos no es imposible; de hecho, muchos productores estamos por encima de los 25.000 kilos por hectárea. Requiere podar, fertilizar todos los años y asumir mayores costos y riesgos, pero la ciruela es un producto muy noble», expresó, instando a la reconversión cultural del manejo de la finca.
Como contrapartida a las exigencias de la etapa de cultivo, el sector cuenta con una ventaja competitiva fundamental en el eslabón de la postcosecha gracias a su flexibilidad comercial. «Si la cadena viene bien hilvanada, la ciruela te permite tenerla guardada hasta dos años dentro del establecimiento. Eso faculta al exportador a regular el stock, esperar momentos de mejora de precios si el mercado está sobreofrecido o buscar destinos alternativos», comentó, destacando el valor de contar con un producto no perecedero para amortiguar los vaivenes de la oferta global.
El rol del Estado: priorizar mercados sobre el asistencialismo financiero
Consultado sobre la escasez de herramientas de asistencia crediticia por parte del gobierno provincial y el rol del Fondo de la Transformación y el Crecimiento, el titular de la entidad propuso un cambio de enfoque en la política agropecuaria estatal. «La crisis afecta a todos los niveles y la verdad es que hoy no hay muchas herramientas financieras desde el gobierno para ayudar al productor. Sin embargo, creo que la principal responsabilidad del Estado no pasa por ahí, sino por ayudarnos a abrir mercados que hoy están cerrados por cuestiones burocráticas o arancelarias», planteó el referente del sector.
«Por ejemplo, se debe trabajar en conjunto para destrabar el tratado de financiamiento con China y habilitar ese mercado, que está consumiendo muchísima ciruela y al que hoy no podemos llegar. Es más importante que el gobierno ponga la lupa en eso antes que en asistir a un productor que tal vez ya está prácticamente en la quiebra, donde la inversión del Estado no verá un efecto real en la economía», consideró.
El círculo virtuoso de la demanda
Para concluir, Álvarez de igual forma insistió en que el incentivo genuino para la reconversión tecnológica del campo mendocino surge cuando el negocio vuelve a ser atractivo de cara al exterior. «Si el gobierno ayuda a abrir nuevos mercados y facilita la exportación, automáticamente mejora el precio que recibe el productor primario. Cuando el productor ve que su trabajo vale y que el fruto de su tierra tiene demanda real, es el primero en reinvertir su propio dinero para tecnificarse, aumentar los rindes y buscar una mayor rentabilidad», fundamentó.
«Esa es la línea que debe seguir la política productiva, acompañada, en la medida de lo posible, por el subsidio de tasas mediante convenios con entidades bancarias para quienes necesitan dar el salto tecnológico», completó.
