En la provincia funcionan nueve centros a cargo del Estado y otros tantos conformados por «comunidades terapéuticas» y clínicas privadas, que asisten a miles de mendocinos que sufren dependencias al alcohol y las drogas.

El abuso del consumo de sustancias nocivas como el alcohol y las drogas es una de las problemáticas de salud más preocupantes en Mendoza, por lo que más de 4.000 personas asisten anualmente a los centros asistenciales de adicciones a cargo del Ejecutivo provincial, y otras tantas acuden a alguna de las comunidades terapéuticas independientes que funcionan en la provincia.

A través del Plan Provincial de Adicciones, el Ministerio de Salud y Desarrollo Social atiende a quienes sufren trastornos y abusos por dependencia de sustancias en los nueve Centros Preventivos Asistenciales de Adicciones (CPAA) que funciona enGeneral Alvear, Malargüe y San Rafael y en los demás departamentos de la provincia. Estos centros ofrecen tratamientos ambulatorios prestados por equipos interdisciplinarios y que están basados en el abordaje terapéutico, orientativo y psiquiátrico.

A estos centros se suman las denominadas «comunidades terapéuticas», grupos de índole privada que asisten con diversas metodologías. Los más conocidos que funcionan en Mendoza son ‘Remar’, ‘Cable a Tierra’ y ‘Conexión’. También hay varias organizaciones vinculadas a iglesias cristianas (católicas y evangelistas) y clínicas privadas especializadas en salud mental.

¿Cómo funcionan los CPAA?

En los nueve centros preventivos asistenciales de adicciones se prestan dos tipos de tratamientos ambulatorios: simple, donde el abordaje al paciente es psicoterapéutico con orientación familiar y, en algunos casos, psiquiátrico; mientras que el intensivo implica casos más complejos que requieren mayor cantidad de sesiones semanales y un control diario de medicación. A su vez cada centro cuenta con tratamientos grupales destinados tanto a los pacientes como a sus familias.

Marta Hintuchi, coordinadora del Plan Provincial de Adicciones, explicó que los CPAA atienden dos tipos de situaciones referidas a los consumos problemáticos: el abuso de sustancias y el trastorno por dependencia de sustancias; mientras que los otros dos, intoxicación aguda por sustancias y abstinencia por sustancias, son competencia de los hospitales por tratarse de cuadros clínicos y que después puede requerir alguna asistencia para deshabituación del consumo en algún centro médico monovalente (en Mendoza son los hospitales El Sauce y Pereyra).

En orden de importancia, los tipos de sustancias más consumidos por los pacientes que asisten a los centros estatales son alcohol, marihuana y cocaína, con ocasionales cuadros de abuso de benzodiacepinas (medicamentos psicotrópicos y ansiolíticos) no recetadas. Hintuchi añadió que el consumo de drogas «duras», como la heroína, es «prácticamente inexistente» en Mendoza.

Los centros preventivos asistenciales de adicciones en Mendoza están destinados a la población que carece de obra social y no pueda afrontar los gastos de una terapia privada. «Hay una normativa nacional que garantiza que las personas que sufren problemas por consumo de sustancias tienen que ser abordados por la obra social correspondiente», añadió Hintuchi. Esto explicaría en buena parte que en los efectores estatales no hayan pacientes con problemas por consumo de drogas de «diseño» y psicofármacos, dado que son consumidas por personas con mayor poder adquisitivo.

Otro requisito para ingresar a un CPAA es que el paciente debe tener 14 años o más. En los casos que sean menores a esa edad, son derivados a la red de Infantos, que depende también de la Dirección de Salud Mental. «Cuando tenemos niños con problemas de consumo de sustancias, lo más importante es que el tratamiento se pueda abordar a partir del desarrollo del niño, para que los profesionales logren trabajar fuertemente en la detección de las situaciones que impidan un desarrollo saludable, ya sea por adicciones u otro tipo de problemáticas», argumentó la especialista

La duración de los tratamientos es extremadamente variada y depende de varios factores relacionados con el estado psicológico del paciente y su resiliencia a superar su situación, como también a la capacidad para asimilar el tratamiento y su propia voluntad de permanecer en el plan. “Tenemos pacientes que están hasta ocho años bajo tratamiento y otros que abandonan a los pocos meses, o que salen y al tiempo regresan debido a una recaída», reconoce Hintuchi.

El creciente aumento en el consumo adictivo de sustancias y la falta de lugares de derivación hacen que algunos CPAA terminen colapsando. A esos factores se suma la poca «tamización» de la demanda: «En muchos casos las derivaciones a los centros de adicciones están hechas inadecuadamente, porque nos envían personas que consumen sustancias ocasionalmente o de modo experimental, cuadros que deberían ser tratados en los hospitales. Necesitamos trabajar en eso», resaltó Hintuchi.

¿Por qué los centros no son de internación?

Los nueve CPAA que están a cargo del Plan Provincial de Adicciones ofrecen solamente tratamientos ambulatorios. Hintuchi explicó que ello obedece a que la internación de pacientes con problemas de abuso de sustancias es un abordaje propio de las ‘comunidades terapéuticas’, dispositivos creados a principios del siglo XX que usan modelos jerárquicos y grupales para apoyarse entre los propios pacientes, y pueden ser con equipos profesionales o no.

De todos modos, el Plan Provincial de Adicciones tiene convenio con las comunidades terapéuticas para utilizar los servicios de internación. «Si el paciente quiere internarse, evaluamos que cumpla con los requisitos exigidos por la comunidad terapéutica elegida y, si es aprobado, el Estado le paga su tratamiento», explicó la coordinadora del área.

Fuente. Gentileza Mdz