En diálogo con FM VIÑAS, Fernando Cordero, presidente de la Específica de Agricultura de la Cámara de Comercio, brindó un extenso y crudo análisis sobre la situación actual del sector agrícola en el departamento, marcado por buenas perspectivas productivas en algunos cultivos, pero con precios que no alcanzan a cubrir los costos y una profunda preocupación por la vitivinicultura.
Cordero, quien lleva tres años trabajando en la Específica, señaló que la temporada presenta un comportamiento desigual según el cultivo. En términos de cantidad, el durazno tendría una campaña buena, la uva muestra un panorama crítico y la ciruela se ubica bastante por debajo de un año normal. En cuanto a las hortalizas, indicó que este año se habría plantado menos tomate que en temporadas anteriores, uno de los cultivos más importantes del departamento.
Sin embargo, el mayor problema no está en la producción sino en los precios. En el caso del durazno para mercado en fresco, los valores de transporte rondan entre 500 y 700 pesos para fruta de muy buena calidad, mientras que el durazno de pavía se estaría negociando entre 250 y 300 pesos, cifras que resultan ajustadas. “Lo regular para abajo prácticamente no tiene precio”, explicó, remarcando que solo la fruta de excelente calidad logra venderse.
El dirigente también advirtió sobre la fuerte competencia de otras zonas productoras, como San Pedro (Buenos Aires), que si bien ofrece fruta de menor calidad organoléptica, compite directamente por sus menores costos de flete. A esto se suma el ingreso de durazno enlatado y pulpa importada, lo que agrava aún más la situación de los productores locales.
El damasco, según Cordero, atraviesa un momento crítico, con valores cercanos a los 150 pesos, que no justifican la cosecha. “En muchos casos ya no se consume y no es rentable”, afirmó. La ciruela, si bien ha sido un motor importante en años anteriores, sigue siendo inestable por factores climáticos y productivos.
La mayor alarma está puesta en la uva, que el presidente de la Específica definió como “la crisis más grave”. Señaló que el precio del vino de traslado sería inferior al del año pasado, en un contexto de caída sostenida del consumo a nivel mundial. “No es una crisis momentánea, parece que llegó para quedarse”, expresó, mencionando cierres de bodegas, concursos preventivos y posibles cambios en las modalidades de elaboración, que podrían comenzar a cobrarse en dinero y no en litros de vino.
Cordero también cuestionó la contradicción del sistema de precios: mientras aumentan insumos como energía, mano de obra, combustible, agua, vidrio, corchos y transporte, el valor que recibe el productor no solo no sube, sino que baja. “Es muy difícil sostener producciones de calidad si no se puede fertilizar ni invertir”, advirtió.
En cuanto a las políticas públicas, reconoció el diálogo con autoridades provinciales y municipales, especialmente en temas como lucha antigranizo, código de agua y desarrollo productivo, aunque admitió que el precio de los productos se rige por oferta y demanda y que no existen herramientas directas para corregirlo. También destacó inversiones realizadas por los productores en riego tecnificado y defensa, muchas de ellas apoyadas por el Fondo de la Transformación.
Finalmente, Cordero expresó la necesidad de replantear el modelo productivo y tomar decisiones de fondo: “Si algo no funciona hace cinco o diez años, hay que cambiarlo”. A esto sumó la preocupación por la falta de agua, la gran cantidad de tierras abandonadas y la disminución de jóvenes en la actividad. “Es un país difícil y la producción no es la excepción”, concluyó.

