Se aproxima La Fiesta de la Pascua del pueblo de Israel, y en Jerusalén se concentrarán todos los fieles judíos. Al llegar Jesús es recibido como Mesías, un rey victorioso. Mientras el pueblo celebra a su rey, los Sumos Sacerdotes ven esto con malos ojos y buscan motivos para condenarlo. Jesús está profundamente conmovido y quiere celebrar su Última Cena Pascual con los Apóstoles. En medio de aquella cena, les da su Testamento Espiritual con hechos y palabras, Quien quiera saber vivir, que viva para servir.
Jesús eleva a sus discípulos a la dignidad de Amigos, Ustedes son mis amigos, consagrándolos en la verdad y como misioneros de su amor. Como hombre de Dios, se retira a un encuentro de oración. En esta Zamba de los Olivos, Cristo supera la tentación y enfrenta a la traición. Con Judas a la cabeza, la multitud toma preso a Jesús y lo llevan a la Casa de Caifás. Con falsas acusaciones, logran al Sumo Sacerdote violentar y la sentencia dictar: «Este hombre ha de morir, ese hombre ha blasfemado».
En el patio del palacio, Pedro vive su pasión. Pedro no llores, Cristo te da su perdón. A primera luz del día, Jesús es llevado ante Pilato; quien no encuentra razón para condenarlo, pero el pueblo clama su condenación. Luego de ser condenado por Pilato, Cristo emprende su camino al Calvario. A su paso les da esperanza a sus seguidores. Ya en la cruz, sangriento altar, mantiene un diálogo con su Padre: «Eloi lama sabactani».
«Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A las tres de aquella tarde, nos entrega su vida. Al Cristo de la Pasión todos lloran. Qué tristeza inmensa la de su Madre María, qué legado inmenso su fortaleza. Todo se ha cumplido, pero… Di que has visto Magdalena…»

