La actividad de vino y mosto volvió a quedar en rojo en el «Semáforo de Economías Regionales» elaborado por Coninagro y el informe dejó un dato que refleja la profundidad de la crisis del sector: la vitivinicultura estuvo en situación crítica en más del 70% de los meses relevados durante los últimos ocho años.

El reporte, correspondiente a marzo de 2026, mostró que de las 19 economías regionales analizadas, nueve permanecieron en rojo, seis en amarillo y apenas cuatro lograron ubicarse en verde. En la lista de actividades más comprometidas aparecen vino y mosto, yerba mate, arroz, papa, leche, hortalizas, algodón y mandioca.

Coninagro explicó que el principal problema de las actividades en rojo es el deterioro del negocio para el productor. En la mayoría de los casos, los precios que reciben crecieron por debajo de la inflación y también por debajo del aumento de los costos operativos, lo que terminó erosionando la rentabilidad.

En el caso de la vitivinicultura, el informe indicó que en marzo el precio promedio pagado al productor fue de $275 por litro, con una suba mensual del 4%, aunque en la comparación interanual representó una caída real del 22%.

La situación también se reflejó en la superficie cultivada. Según el documento, el área destinada a la actividad cayó de 200 mil a 196 mil hectáreas, mientras que para la vendimia 2026 se proyectó una cosecha de 17,6 millones de quintales en Mendoza y San Juan, un 6,4% menos que en la campaña anterior.

Otro de los indicadores más delicados es el consumo interno. El informe proyectó que durante 2026 el consumo de vino será de 14,4 litros por habitante por año, frente a los 16,1 litros registrados el año pasado, lo que implica una baja cercana al 10%.

A la caída del mercado interno se sumó un retroceso de las ventas al exterior. Las exportaciones de vino y mosto totalizaron 954 millones de dólares, con una caída interanual del 3%.

En paralelo, las importaciones crecieron con fuerza. Según Coninagro, en los últimos doce meses ingresaron productos por 42,3 millones de dólares, un salto del 75% respecto del período anterior, cuando habían sido de 24 millones.

El informe también dedicó un apartado especial a la participación del productor dentro del precio final que paga el consumidor y allí volvió a aparecer otro dato preocupante para el sector vitivinícola.

Actualmente, el productor recibe apenas el 17% del valor de góndola del vino, cuando históricamente esa participación rondaba el 25%. Es decir, el eslabón primario perdió ocho puntos porcentuales dentro de la cadena.

Coninagro explicó que las actividades con mayor nivel de industrialización, como el vino, suelen dejar una menor proporción del precio final en manos del productor, aunque aclaró que la caída observada actualmente refleja además el deterioro del negocio y el peso creciente de los costos comerciales e industriales.

El informe marcó además que la crisis vitivinícola no es un fenómeno aislado de los últimos meses sino una problemática estructural. Desde que comenzó a elaborarse el semáforo, hace más de ocho años, ocho de las 19 economías regionales permanecieron en rojo durante más de la mitad del tiempo relevado.

La vitivinicultura aparece como una de las más golpeadas de todo el país, superando incluso a otras actividades históricamente complicadas como el arroz, los cítricos y la lechería.

Mientras tanto, otras cadenas agropecuarias mostraron una realidad muy distinta. Las actividades bovina, ovina, granaria y apícola quedaron en verde gracias a precios que crecieron por encima de la inflación, mejores indicadores de mercado y un desempeño exportador favorable.

En el caso del complejo granario, las exportaciones alcanzaron los USD 48.830 millones en los últimos doce meses, mientras que la producción proyectada para la campaña 2025/26 crecería un 22%.

El informe también mostró el fuerte peso del agro exportador dentro de las economías regionales. Durante el primer trimestre de 2026, las 19 actividades relevadas exportaron en conjunto USD 14.695 millones, un 40% por encima del promedio histórico de la última década para ese período.

Sin embargo, el documento aclaró que el crecimiento estuvo explicado principalmente por el complejo granario, que concentró el 78% de todas las exportaciones regionales.

En contraste, las actividades más ligadas al mercado interno continúan afectadas por costos elevados, pérdida de consumo, caída del poder adquisitivo y dificultades para sostener márgenes positivos.

Entre las economías regionales más comprometidas, Coninagro mencionó que en varios sectores los productores enfrentan precios prácticamente estancados mientras continúan aumentando los costos de energía, combustible, logística e insumos.

El semáforo se elabora a partir de tres grandes variables: negocio, producción y mercado. El componente de negocio analiza la relación entre precios, inflación y costos; el productivo evalúa área sembrada, stock y volumen de producción; y el de mercado toma en cuenta exportaciones, importaciones y consumo interno.

En el caso del vino y mosto, los tres componentes mostraron señales negativas durante marzo, consolidando nuevamente al sector dentro de la zona roja del informe nacional.