El Distrito de San Pedro del Atuel se ubica en el extremo sur de nuestro departamento, sobre una homogénea llanura que se corta con la imponente silueta del “Cerro Nevado” de más de 3.000 metros de altura, que hace de vigía siempre presente en este pueblo. Se le concede ese nombre debido a su fundador, el empresario noruego Pedro Christophersen, y al río que concretó su existencia.
En 1909 llegaron con su bagaje de ilusiones numerosas familias a establecerse en la zona y de allí en más comenzó su fecundo y sacrificado desarrollo. Los primeros chacareros que llegaron fueron: los Hermanos Sifuentes, Nicolás Espósito (Garibaldista), Francisco González, Francisco Kuroski, Francisco Aguas, José Mellado, entre otros.
El 1 de diciembre de 1913 se inauguró la estación de ferrocarril del ex Ferrocarril del Oeste, de allí el desarrollo de la zona sería exponencial. A partir de 1920, se comienza a vivir la mayor afluencia de inmigrantes, entre los que llegaron ucranianos de raza eslava y morava, italianos, españoles, sirios y japoneses, entre otros.
El clima era hostil, además los campos eran salitrosos, estaban cubiertos de su típica flora de algarrobos, piquillines, chañares, totoras y alpatacos, en un paisaje semidesértico de tonos verdes amarillentos que escondía, para los hombres que llegaban un trabajo forzoso e incansable. A pesar de estos inconvenientes, mujeres y hombres trabajaron a la par para poder cultivar y sobrevivir en esta región, lograron establecer a la Colonia en una pujante región de producción agrícola que llegó a ser la mayor fuente de riqueza de San Pedro del Atuel, sobre todo a través del cultivo de tomate. Además, llevaron a cabo el cultivo también del pimiento, la vitivinicultura, alfalfa, frutales y una variada diversificación de hortalizas.
Puede ser una imagen en blanco y negro
A la par del crecimiento agrícola carmensino surgían las primeras industrias locales que se instalaron en la zona. La primera fue la de conservas cuyo propietario era Catello Antonio Datillo, esto fue en la década del ´40. Datillo poseía, además, otra fábrica similar en el departamento de San Martín, en el este mendocino. Esta fábrica en Carmensa, fue gerenciada por Don José Martínez.
“La Campagnola” fue fundada en 1912 por los hermanos italianos Silvio y Luis Benvenuto y en sus comienzos importaban productos alimenticios italianos a nuestro país. En 1933, y con el comienzo del proceso de sustitución de importaciones, ellos abrieron su primera planta para enlatar pescado.
Desde el comienzo, los Benvenuto eligieron la imagen de una campesina, en italiano “campagnola”, para los envases en que comercializarían sus productos, y allí radica el porqué de su nombre.
La Campagnola se instala en las mesas argentina y es así que en noviembre de 1950 compraron las dos fábricas de Conservas de Frutas y Vegetales de la firma Catello Antonio Datillo, ubicadas en San Martín y en Carmensa, ingresando de esta forma al mercado de industrialización de conservas de vegetales, frutas y mermeladas. Por este año el establecimiento de Datillo en Carmensa elaboraba: tomate, duraznos, pimientos y otras clases de frutas.
Los Hermanos Benvenuto pertenecían a una legendaria familia de abolengo de la zona de Boasi, en Liguria, Génova, y habían llegado a nuestro país para realizar distintas inversiones, más que nada en el sector agrícola y alimentario.
Las conservas de pescado ya gozaban de tanto prestigio que surgió una frase popular que decía: «¿Qué clase de pescado sos que La Campagnola no te envasa?». Durante años, este dicho fue utilizado por la empresa en sus campañas publicitarias con ilustraciones hechas por el famoso humorista Landrú.
Benvenuto suma, en 1972, una nueva planta industrial similar a la de Carmensa, en la localidad de Choele- Choel, especializada en productos derivados del tomate. La Campagnola además fue la primera empresa del sector en cosechar mecánicamente el tomate y lo hizo en las fincas de Río Negro y Mendoza.
Con la llegada de Benvenuto a la fábrica de Carmensa, se produjo un crecimiento repentino e importante. Se duplicó en primera medida la capacidad de elaboración y se incorporó nueva tecnología a los procesos industriales.
Llegaron a trabajar 1500 personas de forma directa, divididos en tres turnos, y en plena temporada era tan grande la demanda de mano de obra, en su gran mayoría mujeres, que se debían traer operarias del norte de nuestra provincia, del sur de Córdoba, La Pampa y San Luis y Tucumán. Hasta tuvieron que construir un albergue, que los pobladores de San Pedro del Atuel denominan como “El Conventillo”, para alojarlas.
Puede ser una imagen de 1 persona y texto Puede ser una imagen de 1 persona y textoPuede ser una imagen de 3 personas y texto
Luego que “La Campagnola” comprará la fábrica de Datillo, su gerente, José Martínez, decide instalar junto a su socio Antonio Abad, una pequeña fábrica que con el tiempo llego a elaborar una gran cantidad de productos agroindustriales y daba trabajo a varios obreros especialmente mujeres, al igual que La Campagnola.
Eran épocas en donde Carmensa experimentaba un crecimiento social y económico nunca visto, llegando a tener más de 8000 habitantes, dos fábricas (La Campagnola y Martínez y Abad) en plena producción, tres bodegas y un gran número de comercios.
En las décadas del 40 y del 50, cuándo en el esplendor de la fábrica, “La Campagnola”, se llegaron a procesar por temporada 18 millones de kilos solamente de tomate, 350 latas por minuto, sin contar los millones de kilogramos que se industrializaban de frutas y hortalizas que también se elaboraban en este establecimiento, la materia prima provenía de: San Pedro del Atuel, General Alvear, Real del Padre y el Valle de Uco.
Hasta el prestigioso diario de Italia, país que recibía de forma directa de Benvenuto los productos carmensinos, “Corriere della Sera” sostenía en sus páginas: “(…) en un pueblo muy pequeño de la República Argentina, llamado San Pedro del Atuel (Carmensa es la estación ferroviaria) existe una de las mejores tierras del mundo para la plantación de hortalizas y frutales, en especial el tomate”.
Hasta principios de los años sesenta, La Campagnola tenía un enorme motor marino para producir electricidad, pues no había en Carmensa fluido eléctrico. Ese motor tenía un enorme volante de unos tres metros de diámetro, y para hacerlo arrancar le inyectaban aire comprimido. Con esa energía funcionaba la fábrica, y las dos únicas casas que tenían corriente, eran las del Gerente, Emilio Perusset, la de Antonio Villatoro, que era Jefe de Taller, y la de Joaquín Molina, que era Jefe de Elaboración, y que vivían enfrente del predio de la fábrica sobre calle 4, en dos casas contiguas idénticas.
Se llegó a construir una línea férrea exclusiva desde la estación de Carmensa hasta la parte posterior de la fábrica, en donde se realizaban las cargas de los vagones de mercadería y además se realizaba la descarga de fueloil, combustible que movía a la fábrica, y que era transportado a través de un oleoducto hasta los depósitos ubicados al borde de las dos grandes calderas las que habían sido partes de un gran buque transatlántico.
La Campagnola llegó a ser la 7º de Sudamérica, en cuanto a volúmenes de producción. Tal llego a ser lo producido que cuando los trenes salían cargados, tenían tantos vagones y llevaban tanto peso, que más de una vez, le ponían una máquina adelante, que tiraba y otra atrás que empujaba y una vez que tomaba velocidad, la máquina de atrás frenaba y volvía a la estación. En algunas localidades, al paso del convoy de La Campagnola, se le daba vía libre porque si frenaba, tenían que volver a ponerle otra máquina y repetir la maniobra.
Puede ser una imagen de 5 personas

Algunos nombres que supieron ocupar cargos en la fábrica:

  • Gerente: Emilio Perusset
  • Capataz General: Sr. Suarez
  • Jefe de Taller: Sr. Capellini y Antonio Villatoro
  • Calderista: Marcelino Pascual
  • Bulista: Pedro Atencio
  • Jefe de Elaboración: Joaquín Molina
  • Jefe de Planchada y Fincas: Antenor Belermino Centeno
  • Encargado de Depósito: Onofre Pávez
  • Recorredor de Fincas: Francisco Feito
  • Tonelero: Luis Estrella
El último gerente de La Campagnola en Carmensa, fue Salvador Panebianco y subgerente el siempre recordado Enrique “Quique” Perusset.
Hacia mediados de la década del 70, y con la instauración de la última dictadura militar, se comienzan a adoptar nuevos criterios en política económica. Se impone un modelo económico de corte neoliberal, que demandaban nuevas relaciones comerciales. Se modifica el denominado “patrón oro” por “patrón dólar”, se viven procesos de devaluación importantes de la moneda nacional y una política de falta de protección a la industria nacional. Esto derivó en un proceso de cierre de industrias nunca visto en la historia nacional y la caída del aparato industrial y agrícola argentino, el cual ya nunca más se volvió a recuperar.
La Campagnola no fue ajena a este proceso impulsado por el gobierno de la dictadura militar y debió cerrar la planta de Carmensa luego de la temporada de 1980.
En la actualidad una parte, del inmenso predio fabril, fue donada al Obispado de San Rafael y se usa como casas de retiros y de actividades eclesiásticas, el resto lo ocupa la Familia Bernués para el acopio de materiales.
De ese esplendor quedan mudos, vacíos, como viejos dinosaurios inmóviles, los galpones de esta querida y legendaria fábrica ya carcomidos por el tiempo.
Esta tierra conocida por el mejor tomate del mundo, que albergó al célebre músico ruso Alexis Vladímir Abutcov y supo recibir al mítico bandido rural Juan Bautista Vairoleto, pasó de la euforia a la tristeza, de la grandeza y el progreso a la virtual desaparición con el adiós del último tren y el cierre de la fábrica La Campagnola. Sin embargo, la principal riqueza del distrito siempre fue su gente, en la que anidan las ganas y la esperanza de ver reverdecer a su querido terruño.