La obra de Juan Jaume pone en evidencia la pertinencia de la metáfora que señala a la pasión como motor de la vida. Fanático del automovilismo, Juan ocupa buena parte de su tiempo creando réplicas de automóviles. Un trabajo minucioso con ojo de artesano que le ha hecho ganar fama en la comunidad “fierrera”.
El relato de Juan se remonta a su niñez, allí aparecen los primeros rugidos de motores que quedarán marcados a fuego en su memoria.
“Nací en la finca en la zona de Los Compartos. Recuerdo que en mi infancia se corría el Turismo Carretera por las rutas del país. Con mi padre seguíamos atentos las transmisiones de la radio y cuando podíamos íbamos a La Pampa o a la Cuesta de Los Terneros para ver cómo pasaban los corredores, en especial Los Manzano que eran nuestros ídolos”.
La fascinación por los automóviles rápidamente devino para Juan en la posibilidad de crear nuevos juguetes. “Fabricaba autitos con suspensión, los ataba atrás de la bicicleta y los sacaba a andar. Cuando hicieron el asfalto en la calle 7 se me gastaban las ruedas que eran de álamos y las cambié por algarrobo”, recuerda con una sonrisa el artista alvearense.
Su mesa de trabajo está compuesta por varias herramientas. Cinco o seis tijeras, limas, perforadoras y remachadoras. La plancha de aluminio con un grosor de apenas 1mm es su materia prima.
“Los que me piden un trabajo me pasan una foto del auto que quieren, yo lo dibujo y lo calco al aluminio. Luego empiezo a trabajar los cortes. Después se arma y se une con remaches, se lija, se enmasilla y se pinta. La terminación consta de una plataforma y una cajita de vidrio donde queda el auto listo para lucirse”, dice Juan dando cuenta del proceso que conlleva la creación artesanal de estas réplicas que tienen un tamaño que oscila entre los 25 y los 40 cm de largo. El tiempo de labor dura unos 5 días con dedicación plena.
Para este artesano de los fierros, que hoy sonríe al enumerar los más de 100 autos que ha creado, no siempre la vida le ha sido fácil. Al año y medio de su nacimiento contrajo el virus de la Poliomielitis. La parálisis le afectó seriamente una de sus piernas que quedó muy debilitada. Fue camionero y recorrió las rutas del país. En un momento se quedó sin nada, se fue a Neuquén donde se ganó la vida como vendedor ambulante y fabricante de muñecos de peluches.
Juan Jaume hoy está jubilado y usa parte de lo recaudado por las ventas de sus réplicas para viajar a disfrutar las carreras del turismo carretera.
“Hace unos meses fui a ver una carrera al Mouras (Buenos Aires), viajé en colectivo pero me dejó como a 2 kilómetros de la entrada. Entonces me bajé y con una compañera de viaje que se llama Eugenia le dije que ella hiciese “dedo” así nos llevaban. Se paró una 4×4, le conté que era mendocino y lo que hacía con los autos, me contestó que él era el padre de Matías Jalaff, el corredor mendocino del TC. Me pidió que le hiciera una réplica del auto de su hijo. Cuando volví de la competencia me puse a hacer el auto, viajé a la ciudad de Mendoza donde fui a visitarlo y a llevarle el pedido”, acota Juan en una de sus anécdotas más pintorescas. De esas tiene muchas y con grandes pilotos.
Cuando hablamos del futuro, Juan sabe que el tiempo es veloz como un auto de carreras y por eso no duda en soñar a lo grande. “Me gustaría conocer a Horacio Pagani, un gran diseñador argentino de autos de lujo que hoy está en Italia”, dice el talentoso alvearense que deja la charla para volver a usar sus mágicas manos en otra maqueta.
Denis Illesca
