Hace apenas unas semanas hubo inauguración, cintas, discursos, funcionarios de todos los colores y una postal que invitaba a creer que el capítulo estaba cerrado.

El mensaje era claro: la obra estaba lista y el alivio para miles de familias era cuestión de tiempo.

El problema es que el tiempo siguió corriendo. Ya pasaron más de quince días desde aquella foto del 17 de junio y, mientras las temperaturas se desploman, hay vecinos que siguen esperando exactamente lo mismo que esperaban antes de la inauguración: la conexión.

Entre carpetas aprobadas, inversiones realizadas, instalaciones pagadas y firmas de matriculados que tampoco fueron baratas, la respuesta que muchos aseguran recibir no cambió demasiado. “Todavía no hay gas”, “no estamos aceptando carpetas”, “aún no hay factibilidad” les dicen, entre otras. Frases demasiado conocidas para quienes llevan años escuchando que ahora sí falta muy poco.

Mientras tanto, la discusión parece haberse mudado a otro escenario. Si la obra la debía pagar uno, dos o tres. Si la responsabilidad es de la empresa, de la Provincia, de la Nación o de algún organismo intermedio. Si falta una autorización, una habilitación o un detalle técnico.

Todo puede ser cierto. Pero para el vecino que prende la estufa eléctrica porque la de gas sigue sin funcionar, o para el que tuvo que aceptar los altos precios de la leña, esas diferencias administrativas calientan bastante menos que una llama.

Quizás el error fue otro: vender como llegada lo que todavía era el último tramo del viaje. Porque una obra de gas no se inaugura cuando se enciende una antorcha. Para la gente, la obra empieza de verdad el día que abre la hornalla y sale fuego.

Fuente: Media Mendoza