En la sede más austral del ITU se vive una experiencia poco común: el buffet del Instituto, en el que compran todos los estudiantes todos los días, es autogestionado. Más aún: cada uno de ellos se atiende a sí mismo, sin cajeros ni nadie que controle el pago de la compra. Los alumnos retiran lo que desean, abonan lo que vale y se retiran.
Institución, comenta que «los mismos chicos contactan a los proveedores, hacen los pedidos y marcan el precio de venta. El dinero no es repartido entre ellos, sino que se sigue reinvirtiendo para tener más cosas, para que no sea agotador el trabajo de mantenerlo stockeado».
El proyecto surgió de los mismos estudiantes que un día, para evitar intermediarios, decidieron crear este modelo. Sorprendiendo a propios y extraños, este buffet ha rendido sus frutos dejando en claro que un proyecto que se basa la honestidad y buena fe de sus usuarios es posible. «Al ser cortos los períodos de cursado, todos los años los alumnos de segundo tienen que enseñarle a los alumnos nuevos, que ingresan a primero, cómo funciona. Es todo un desafío hacer partícipes a un grupo de chicos nuevos con los tipos de valores que se involucran», agrega Konaszczuk.
Además de la función de buffet que cumple el proyecto, sirve como modalidad educativa, ya que los estudiantes lo administran aplicando herramientas que aprenden en primer año de la carrera de Gestión de Empresas, como control de stock, información contable y compras.
