Hay ejemplos que vale la pena destacar e imitar, y este es el caso de Juana Domínguez y Mariela Blasco, dos celadoras de la escuela especial 2-053 de Villa Atuel y el anexo de la escuela 7-002 “Chimeno Codó”, que durante el receso de verano decidieron encarar un proyecto ambicioso pero no imposible: pintar toda la escuela para que los chicos disfrutaran de un lugar óptimo para el inicio de clases.
La institución cuenta con unos 20 alumnos y funciona en el viejo centro de Salud de Villa Atuel, que necesita muchas reparaciones. “A pulmón y de a poquito», con mucho esfuerzo y ayuda de toda la comunidad, la escuela –que aún no cumple su primer año de vida como tal- va mejorando y logrando un espacio acorde para todos los chicos.
Paso a paso están conectando el gas, reparando las instalaciones eléctricas y poniendo todo en las mejores condiciones. Pero para empezar de la mejor manera, faltaba algo. Las dos celadoras (quienes además son mamás de chicos que concurren a esa escuela) quisieron recibir a los alumnos de la mejor manera y se pusieron los guantes para pintar el establecimiento.
Con dinero que habían recaudado de eventos solidarios, la institución pudo abordar la compra de la pintura, y la “mano de obra” quedó a cargo de las auxiliares, quienes rápidamente se pusieron a trabajar.
Trabajaron de mañana y de tarde, resignando horas de sueño y de descanso, restándole tiempo a sus familias y a sus propias actividades, pero lo hicieron. Antes de que empiecen las clases habían logrado pintar todas las paredes, y no solo eso, sino que blanquearon una parte y la otra la pudieron colorear de rosa, para que la escuela quede aún más linda.
“Las chicas quisieron hacerlo y se pasaron. Hicieron un trabajo hermoso para nuestros chicos y para nuestra institución”, explicaron las docentes de ambas escuelas que conviven en el mismo edificio y quienes agradecieron a Juana y Mariela porque “han sacrificado su tiempo libre para que podamos tener una escuela mejor para nuestros chicos”.
FUENTE: DiarioSanRafael
