No hay nada más satisfactorio que salvar una vida, es una sensación difícil de describir con palabras y más cuando se trata de un niño”, dijo Javier Fuentes (36).
El chofer de la ambulancia del centro de salud de Punta del Agua (distrito de San Rafael) junto a los enfermeros Ariel Molina y Emanuel Salinas fueron los protagonistas principales del salvataje y traslado hasta el hospital de Alvear del pequeño Rodrigo Bravo (1) que se había ahogado tras caer a un balde con capacidad para 20 litros de agua.
Después de ser compensado en el nosocomio alvearense, derivaron al niño al hospital Schestakow en San Rafael y permanece internado en terapia intensiva. El último parte médico indica que Rodrigo evoluciona favorablemente aunque habrá que esperar para conocer la dimensión del daño neuronal que puede haber sufrido.
El incidente se produjo en la tarde noche del viernes en el puesto Agua Segura a unos 8 kilómetros de la villa cabecera de Punta del Agua.
La madre y la abuela estaban lavando y habían preparado agua en el balde para enjuagar la ropa. El pequeño Rodrigo estaba jugando en los alrededores y aparentemente se acercó al balde con la idea de meter sus manos en el agua pero como no estaba lleno hizo todo el esfuerzo por alcanzarla y cayó dentro del recipiente de cabeza.
Cuando uno de los familiares lo encontró “vio que estaba con los pies para afuera y no se movía”, relató Javier.
Los familiares cargaron al bebé en un vehículo particular y como la propiedad de Fuentes estaba camino al centro asistencial “pasaron primero por mi casa, iban desesperados y golpearon la puerta con el niño en brazos. Estaba todo morado, no tenía latidos, ni respiraba”, prosiguió contando el chofer.
En el trayecto hacia el centro de salud “yo manejaba y le iba explicando al tío como hacerle resucitación”.
Una vez en el centro asistencial, Javier, Emanuel y Ariel tomaron la posta y lograron obtener una mínima reacción del infante pero no era suficiente, su vida pendía de un hilo delgado.
Sin dilación lo cargaron en la ambulancia y a toda velocidad comenzaron a recorrer los 90 kilómetros (45 km de tierra y el resto de asfalto) que separan al distrito sanrafaelino del hospital más cercano, que es el de General Alvear.
“Iba a lo que podía dar la ambulancia y mis compañeros seguían con los masajes y las maniobras de resucitación. Justo cuando llegábamos al asfalto el nene soltó el llanto, que alegría fue escucharlo”, dijo Javier con un tono de voz que denotaba emoción porque esa reacción significaba que el pequeño tampoco se iba a dar por vencido y comenzaba a respirar otra vez, con mayor regularidad.
El chofer tiene 12 años de profesión y es un servidor público “que me pagan por hacer este trabajo” pero “salvar una vida no tiene precio y si bien todas las vidas son iguales, cuando es un niño, es algo especial porque es como si fuera uno de mis hijos. Realmente no hay palabras para contar lo que se vivió y la satisfacción que se siente”, concluyó.
Fuente: Uno San Rafael
