4 de diciembre de 1919, El día maldito, Juan Bautista Vairoleto, asesina al comisario Elías Farache en Eduardo Castex.
El escritor Néstor Rubiano, y quizás el investigador más importante de la vida del legendario Juan Baustista Vairoleto, nos acerca a los detalles de lo sucedido aquel día:
4 de diciembre de 1919, en Castex eran las trece y treinta. Juan Bautista, dentro de la tienda “La Colonia” de Peironé, terminaba de compartir una cerveza con el sastre Pedro Gaspín cuando en eso entró el milico Farache, y sin rodeos se dirige a Vairoleto:
– “Salí pa` fuera vos, no te he dicho que no te quería ver más en este pueblo”, y con empujón aceleró de Juan Bautista que antes de trasponer el umbral, recibía ya otro fustazo. Una vez afuera:
– “Y ahora que quiere”, dijo Juan mientras recalculaba para el lado del palenque, donde estaba atado su caballo.
– “Vas a tener que venir conmigo, mierda, a dar cuentas del caballo que has robado. Juan dejó de mirarlo, desató las riendas, e intentó acomodarse para estribar y subir al caballo, pero el milico lo agarró del hombro y lo tiró para atrás, al tiempo que le decía:
– “Espérate mierda, no va a ser cosa que te me andes disparando cagón de mierda”, y le pegó otro fustazo. Fue allí entonces que Vairoleto sacó su revolver, (“Los crímenes de Bairoletto”, Pedro Fernández Acevedo Santa Rosa 1941), y con un disparo en el cuello, del lado izquierdo, mató a Elías Farache, (Informe Médico del Dr. Cometa Senestrari. Legajo Elías Farache. Archivo Histórico Provincial). Luego montó a caballo y salió al galope para el campo, dando comienzo de ese modo, a una carrera delictiva, de las que más resonancia alcanzaron y se mantiene vigente en la República Argentina.
El periódico Tribuna radical, de fecha 9 de noviembre de 1919 decía que: “Al llegar Farache frente a la fonda nombrada, se encontró con Vairoleto, que se disponía a montar al caballo que tenia atado en el palenque; Farache intimó a Vairoleto a que se presentase a la policía. Al oír esta orden, Vairoleto sacó rápidamente su revólver con el que hizo tres disparos sobre Farache”.
Un niño llamado Rómulo Lorini, que en esos momentos jugaba con un barrilete en el patio de su casa, a una cuadra de la Fonda de Peirone, al oír el disparo salió a la vereda y vio como Vairoleto pasaba frente a el a todo galope. Mas tarde se enteró también del hecho.
Todo el incidente ocurrió muy rápido, cosa de segundos. Al estampido del arma y retumbar de un galope, despertó el interés de vecinos, que se fueron arrimando a la Fonda. El fondero Peirone y Gaspín, no salieron del asombro, otro parroquiano montó a caballo y fue hasta la comisaría.
Rato más tarde, el alboroto, se hizo más notable: el médico, los milicos y más vecinos ocuparon el frente de la fonda e intercambiaron comentarios.
Entre la concurrencia, también se contaban: María Nervi, las chicas de Barsotti y Eugenia del Bar.
Luego de retirar al muerto, la policía dispuso una partida en búsqueda de Vairoleto. La posibilidad de agilizar la detención o captura se concretó al pedirle al dueño y conductor de un automóvil que estaba estacionado, frente a la Fonda de Nervi, que cooperara con el accionar policial. Aquel hombre de apellido Pedrelol, había traído desde General Pico, al inspector de seguros de la Compañía Franco Argentina, Sr. Tonello, que en ese momento estaba almorzando.
Con la colaboración de Pedrelol, con su coche, la comitiva partió en lo que se suponía seria una detención y traslado, a poco andar se lo ubico visualmente al buscado a la sombra de un caldén. Cuando el auto dobló en su dirección, el jinete reanudó su marcha cortando campo por el medio de un trigal. La policía efectuó unos disparos al aire con el propósito de detener al jinete, este no solo no se detuvo, sino que, por el contrario, apuró la marcha, y después de oír otro disparo pegar cerca de su espalda, sacó el revólver y en plena marcha disparó contra el automóvil.
La persecución, acompañada de intercambio de disparos, se mantuvo a lo largo de casi tres leguas. El terreno de huella arenosa, impedía al Ford T descontar la distancia.
Después de un buen rato el jinete llego antes de que lo alcanzaran a la punta del monte, Isleta del Monte Nievas, y sin dudar se interno en la espesura de un modo tal que no fue posible detenerlo.
La patrulla se detuvo justo en el lugar, donde las huellas del caballo indicaban su ingreso al monte. Allí, el chófer del coche se dio cuenta que se quedaba sin nafta para el regreso. Se dudo unos instantes en como seguir, hasta que el cabo Soto abandonó el automóvil y se fue caminando a la chacra mas cercana. Allí consiguió un caballo y con el se internó en el monte.
El intento a Soto no le dio el resultado esperado, pero en la orilla norte del monte encontró a un chacarero arando, que sin saber de que se trataba le dijo que había visto salir del monte a un hombre de a pie, que se había ido caminando a la casa de Simón Vairoleto, hermano de Juan Bautista.
Con ese dato, Soto llegó a la casa de Simón Vairoleto, apeó su caballo, y lo recibió Simón que lo hizo pasar a su casa. Una vez adentro, le hizo saber lo sucedido, y le manifestó que tenia la certeza de que Juan Bautista estaba allí.
Juan Bautista que estaba oculto en una habitación contigua, salió rápido por otra puerta, y de un salto montó el caballo que había traído el milico. Emprendió el galope la disparada para el lado del monte. Soto que sintió el tropel, dejó de hablar con Simón, salió afuera y cuando vio que Juan Bautista se llevó el caballo levantó su arma disparando al aire, la respuesta de Juan fue la misma, pero tras apuntar su arma, Soto le dio al caballo de Juan Bautista, que inmediatamente cayó al suelo. Una vez caído, raudamente se interna en el monte, y se ocultó del cabo Soto, del que logra escapar.
Fuente: “Más allá de la frontera… Vairoleto”, Historia y leyenda de un bandolero. Néstor Rubiano; Colección Tierra Nuestra; Editorial Corregidor.
Extraído de Crónicas Departamentales.

