El día 14 de septiembre de 1941, se apagaba la vida del Gaucho Juan Bautista Vairoleto en San Pedro del Atuel, a la orilla izquierda del Río Atuel, en una humilde vivienda de una modesta chacra que el perseguido había elegido para vivir y trabajar en los últimos años de su vida, junto a su esposa doña Telma Zeballos y sus dos hijas, la primera de tres años y la segunda de un año quienes hasta ese momento corrían tranquilos sus días en el lugar que Mendoza les había ofrecido para albergar a Vairoleto; quien estaba ya pensando en entregarse a la justicia para llevar una vida normal junto a los suyos pero desgraciadamente los hechos se adelantaron.
Para llegar al lugar donde hace 80 años murió el “Robin Hood de las Pampas”, se debe salir desde el monumento General San Martin hacia el sur, por Ruta Nacional 143 Sur.
A los 12 km de la partida se llega a un puente amplio sobre el canal matriz en el canal San Pedro, el que siempre recibió el nombre de Puente Colorado. Apenas se pasa este puente, existe una huella a la vera del canal la que a unos 200 metros aproximadamente nos lleva al conjunto de compuertas y el comparto de aguas, un lugar por demás atractivo adonde llega un brazo del río Atuel, hoy un poco diezmado su curso, consecuencias del cambio climático imperante, este embalse sirve además de desarenador.
Siguiendo este derrotero, y pasando estas compuertas, a unos 180 metros como quien va hacia el oeste y con la imponente figura del Nevado, llegamos al lugar donde se encontraba emplazada la vivienda que ocupaba Juan Bautista, doña Telma y sus pequeñas hijas. En ese lugar el Gaucho, paso alrededor de dos años trabajando y disfrutando del amor filial, algo que por mas de 20 años no conocía.
Los testimonios y relatos sobre lo acontecido aquel fatídico 14 de septiembre de 1941 muestras las distintas versiones sobre lo ocurrido. Diario “La Tarde” del 15 de septiembre de 1941: “Este es el informe policial: Cercaron el mísero “rancho” y sostuvieron a una distancia menor a 10 metros un recio tiroteo con el delincuente que, armado con un revolver y una pistola enfrento a la policía con aplomo y temeridad asombrosa. Resultado: Vairoleto con dos balazos en la frente, uno en la cara y otro en el pecho.
Al acercarse al rancho un menor de 17 años avisó a Vairoleto; pero fue encañonado por la policía y obligado a entregarse junto a la mujer Telma Ceballos”. El diario critica la actuación policial, dice: “Que las características del procedimiento denotan que Vairoleto fue muerto a mansalva. En forma alguna puede justificarse el procedimiento policial y aparece como ridícula la información del “tiroteo a menos de 10 metros.”
El Diario “La Libertad” del 15 de septiembre de 1941, dice: “Un peón que se encontraba afuera, durmiendo entre las cortaderas alcanzo a decir a Vairoleto: “Ojo que viene gente”, instantáneamente y en forma sorpresiva fueron sorprendidos por un recio tiroteo efectuado al barrer por Vairoleto, los que inmediatamente repelieron la agresión y cambiándose en esas circunstancias mas de 50 disparos. Vairoleto desde el suelo esgrimía dos armas: un Colt 45 y un Smith y Wetson.
El tiroteo fue hecho tan solo a la corta distancia de unos 10 metros. Vairoleto trato de salvar a un peón del tiroteo, recibiendo el delincuente varias heridas en el cuerpo, presentando una en la región super maxilar que le atravesó la cabeza y otra en el cuerpo, que ocasiono la muerte en forma casi instantánea.”
El mismo Diario “La Libertad” publica al día siguiente, más detalles sobre el suceso, con elogiosos comentarios hacia la comisión policial y además publica un grafico con la descripción de lo acontecido.
Del Diario “La Capital” de San Rafael del día 16 de septiembre de 1941, “ya en los albores de la madrugada, cercaron mas el estrecho cerco que impedirla toda fuga al bandolero. En esas circunstancias un hombre advirtió el avance de la policía, y al dársele la voz de “alto” gritó “gente”. Encañonado por las armas el hombre no opuso resistencia. La alarma del detenido despertó a Vairoleto. Parece que el delincuente trato de huir por una ventana, pero al encontrarse cercado y dársele la voz de alto comenzó a hacer fuego contra la brigada policial. La actitud de Vairoleto fue realmente suicida, pues según los informes que poseemos, ni siquiera trato de escudar su cuerpo. Usaba en el ataque una pistola Colt calibre 44 y un revolver también Colt calibre 38, disparando ambas ininterrumpidamente. Uno de los policías cayo herido y caía casi inmediatamente también Vairoleto, aunque al parecer no de gravedad, pues desde el suelo en un desesperado esfuerzo continuó haciendo fuego. Sin embargo, apenas transcurrido unos minutos las armas del delincuente se silenciaron comprobando los policías que Vairoleto estaba muerto”.
El conocido historiador Hugo Chumbita también hace referencia a este hecho, diciendo: “14 de septiembre de 1941, comienza a aclarar sobre el rio. Los hombres toman posiciones sigilosamente para rodear el lugar. No hay perros, solamente algunos teros comienzan a alarmar. Se nota movimiento en la vivienda aparece el paisano Rodríguez y se asoma. “Viene gente”, alcanza a exclamar antes de que un agente le aplique un golpe en la cabeza con una pistola, Coscia corre a introducirse en una habitación donde encuentra a un muchacho de unos 16 años.
En la pieza contigua esta Vairoleto que aparece vistiendo solo calzoncillos largos, camiseta y faja negra en la cintura. La policía dirá después que: esgrimía su “Smith y hueso” en una mano y en la otra un revolver Colt 38. Varias descargas atruenan la madrugada, Paetta es rozado en el vientre por un tiro de sus propios compañeros. Coscia sostendrá haber sido el primero en herir al bandido en el cuerpo. Bustriazzo también lo habría alcanzado bajo el corazón, Vairoleto cae. Coscia se abalanza sobre el inmovilizándose el brazo y le descerraja el tiro de gracia en la cabeza”.
“En el sumario levantado, Telma Ceballos afirmara que los policías no dieron orden de arresto y que hicieron fuego sin aviso previo. El hecho es que el cadáver presentaba dos balazos en la espalda y un tiro mortal en la frente”.
Otro relato es el que realiza doña Telma Ceballos a la Revista “El Alvearense” en el año 1983, donde relata: “Mi marido estaba acostado en calzoncillos largos. El ha sentido ruidos y se ha levantado. Yo cuando me despierto el estaba en la puerta tirando. Tiro un solo tiro, fue el que le pego a Paetta en el abdomen y no tiro mas porque sino matan a los empleados que tenia allí y entonces el cuándo, ha visto que todo estaba rodeado, no hace mas que volver la mano y pegarse un tiro aquí (se señala la mejilla izquierda)
Él se suicidó.” “Eso lo he visto yo con mis propios ojos, yo lo he visto con la pistola, con el arma de el se suicidó. Entonces el, medio de espaldas se ha ido cayendo, cayendo por la muralla de una cocinita como de tres metros” … “Ese tiro era mortal, pero ellos para asegurarse mas o para desocupar la capsula le tiraron en el pecho”.
Como puede notarse hay diferencias en la forma que ataco la policía, en las armas que empuñaba el bandido, en las heridas que recibió al morir, en quien realmente lo hirió de muerte, si fueron varios los que lo alcanzaron con los disparos o si el suicido y luego recibió los impactos.
Quedan muchas preguntas que quizás nunca se van a desvelar, ¿Por qué la Policía de Mendoza dejo actuar a los policías pampeanos sabiendo que estos no lo pensaban detener, sino que mas bien lo buscaban para asesinarlo? ¿Cómo es posible que con la famosa puntería que Vairoleto poseía se entablara un tiroteo a menos de 10 metros de distancia sin que cayera un policía? ¿Vairoleto había perdido su puntería, no quiso matar a los policías o verdaderamente se suicidó?
Han pasado 80 años de este suceso, la curiosidad sobre la vida y la muerte de Vairoleto es permanente. La información es mucha y variada al igual que las opiniones orales, lo que solo hace que se abran aun mas interrogantes. Para el “Robin Hood de las Pampas”, el Gaucho Juan Bautista Vairoleto, solo nos queda decir: “Que Dios tenga piedad de su alma”.
Fuente: Crónicas Departamentales.