A partir de la Ley provincial N° 8629 de Ciudadanía del agua, se estableció noviembre como el Mes del Agua y, el día 20 de dicho mes como el Día Provincial del Agua, fecha que coincide con el día en que se sancionó, pero en 1884, la norma que aún rige la administración y distribución del recurso hídrico en Mendoza: “Ley de Aguas”.

Actualmente la situación hídrica es compleja desde diversos puntos donde se la mire:

Mendoza entera vive la peor sequía de los últimos 50 años, lo que ha provocado que cientos de hectáreas hayan tenido que ser abandonadas, el río seccionado en múltiples ocasiones e importantes pérdidas económicas, tanto para la agricultura, la generación de energía y el turismo.

En este sentido obras como Portezuelo del Viento, el trasvase el Río Grande al Atuel, la puesta en marcha y construcción de nuevos acueductos, reactivación de pozos de riego, entre otros, son fundamentales para poder dar una respuesta. 

Los conflictos judiciales tampoco son ajenos al agua mendocina. Los históricos juicios de La Pampa por “un río robado”, con múltiples exigencias y el no rotundo a cualquier propuesta.

En la otra cara de la moneda aparece un agricultor que se las ingenia cada vez más para optimizar su uso; la señora que entendió que no puede limpiar la vereda “baldeándola”; un pueblo que salió (y continúa haciéndolo) a la calle a defenderla y cuidarla; una sociedad que le dijo a toda la clase política, lobby mediático y grandes multinacionales que “el agua vale más que el oro” y que no tienen licencia social para hacer lo que quieran; las cada vez más personas que crean conciencia y que entendieron que sin agua no hay futuro.

Marcha por la 7.722 – Diciembre 2.019

Escrito por Alejandra Cañadas (F.M. Viñas).